Salud
Cáncer de vejiga: el tumor que se confunde con una infección y que ya tiene cura si se detecta a tiempo
Javier Puente, miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Oncología Médica y oncólogo médico del Hospital Clínico Universitario San Carlos
MADRID, ESPAÑA / DIARIO DE SALUD. — Según las estimaciones de REDECAN y SEOM para 2026, en España se diagnosticarán 23.929 nuevos casos de cáncer de vejiga. La incidencia sigue siendo claramente superior en varones, en los que se estiman 19.496 nuevos diagnósticos, frente a 4.433 en mujeres. Con esas cifras, la vejiga ocupa el quinto puesto en el ranking de tumores más frecuentes del país, solo por detrás del colorrectal, mama, pulmón y próstata.
Y sin embargo, sigue siendo uno de los menos conocidos por la población general. Esa falta de conocimiento tiene consecuencias directas: el diagnóstico llega tarde, a menudo después de semanas o meses en los que los síntomas se atribuyen a causas más banales. El doctor Javier Puente lo sabe mejor que nadie. Jefe de la Unidad de Tumores Urológicos del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, secretario de la junta directiva de la SEOM y de la Federación de Sociedades Españolas de Oncología (FESEO), fundador del Consorcio GUARD para la Investigación en Tumores Urológicos y autor de más de 120 artículos en revistas indexadas, Puente es hoy uno de los oncólogos españoles de mayor referencia en este tipo de tumores.
Qué es y por qué importa detectarlo a tiempo
El cáncer de vejiga se origina en el urotelio, la capa de células que recubre la vía urinaria desde la pelvis renal y los uréteres hasta la propia vejiga. Cuando el tumor permanece limitado a esa capa superficial, el pronóstico es favorable. «Cuando estos tumores se detectan en fases iniciales y superficiales, las posibilidades de curación superan el 90%», afirma el doctor Puente. El problema llega cuando el tumor avanza hacia capas más profundas. «Cuando el tumor progresa y se convierte en un cáncer más avanzado o músculo-invasivo, las tasas de supervivencia disminuyen de forma progresiva y el abordaje terapéutico se vuelve mucho más complejo», advierte.
El tabaco, primer culpable
Cuando se trata de identificar el factor de riesgo más relevante, Puente no duda. «Aproximadamente la mitad de los casos de cáncer urotelial están relacionados con el consumo de tabaco», señala. Los compuestos carcinógenos del cigarrillo se absorben, se eliminan por la orina y entran en contacto prolongado con el urotelio, favoreciendo la transformación maligna de sus células. No es el único riesgo: la exposición laboral a aminas aromáticas en la industria textil, o a compuestos del caucho, el cuero y la pintura, también aumenta la probabilidad de desarrollar estos tumores. A ellos se suma el uso de ciertos fármacos como la ciclofosfamida, y en zonas donde la esquistosomiasis es endémica, esa infección parasitaria también se ha asociado a un tipo específico de cáncer de vejiga.
El síntoma que no hay que ignorar
«El síntoma más frecuente de este tipo de tumor suele ser la presencia de sangre en la orina, lo que médicamente llamamos hematuria», explica Puente. El punto crítico: esa sangre no siempre es evidente. «No siempre se manifiesta como una orina intensamente roja o con coágulos; en ocasiones puede presentarse simplemente como un tono rosado, más sutil y fácil de pasar por alto», advierte. Otros síntomas, como la necesidad constante de ir al baño, el escozor o el ardor al orinar, completan el cuadro clínico, aunque son menos frecuentes y más propensos a confundirse con una infección de orina.
Por qué se confunde con una infección y qué diferencia hay
Es una confusión frecuente y con consecuencias. «Es relativamente frecuente que una infección del tracto urinario pueda confundirse con un cáncer de vejiga, ya que ambos comparten síntomas como la presencia de sangre en la orina, el escozor o ardor al orinar y la necesidad frecuente de acudir al baño», reconoce el oncólogo. La clave para distinguirlos está en la evolución. Una infección suele presentarse de forma aguda, puede acompañarse de fiebre y mejora con antibiótico en poco tiempo. El cáncer de vejiga, en cambio, actúa de otro modo: «La hematuria suele ser indolora y puede mantenerse o repetirse a lo largo del tiempo», explica Puente. Si el síntoma persiste, reaparece o se acompaña de pérdida de peso sin causa aparente, hay que consultar con un especialista sin demora.
El retraso diagnóstico, un problema real
Puente identifica dos causas para ese retraso que se observa con demasiada frecuencia. La primera es la falta de información: «Muchos de los síntomas de los que hemos hablado suelen pasar desapercibidos o no se asocian de inmediato a un proceso tumoral». La segunda, la confusión sintomática: los síntomas más silenciosos del cáncer de vejiga se atribuyen a causas menos graves, retrasando tanto la consulta del paciente como el diagnóstico por parte de los profesionales. Ese retraso, subraya el especialista, «puede dificultar un abordaje precoz de la enfermedad».
Los avances que están cambiando el pronóstico
En los últimos años, el tratamiento del cáncer de vejiga ha dado un salto relevante. Para los tumores superficiales, las resecciones transuretrales y las instilaciones vesicales mantienen altas tasas de curación, y están apareciendo nuevos fármacos para los casos en que esos tratamientos no son suficientes. Para los tumores músculo-invasivos, el salto más importante ha llegado de la mano de nuevas combinaciones terapéuticas. «El gran avance ha sido la incorporación de nuevas estrategias que combinan inmunoterapia, quimioterapia y anticuerpos conjugados, lo que permite aumentar las remisiones completas y mejorar la supervivencia», sintetiza Puente.
El estudio fase III KEYNOTE-B15/EV-304, presentado en 2026, mostró que el esquema perioperatorio con enfortumab vedotina y pembrolizumab supera al estándar clásico de quimioterapia neoadyuvante con gemcitabina y cisplatino, con mejoras en supervivencia libre de eventos, supervivencia global y respuesta patológica completa. El propio Puente calificó estos resultados como históricos, y señaló que el ensayo EV-304 viene a cuestionar el paradigma que ha dominado el tratamiento del cáncer de vejiga músculo-invasivo durante décadas.
Tres medidas de prevención concretas
Cuando se le pide un consejo práctico, Puente es claro y directo. Primero, dejar de fumar: es el factor preventivo más importante en este tumor específico. Segundo, reducir la exposición laboral a sustancias químicas en sectores de riesgo. Tercero, en zonas donde la esquistosomiasis es endémica, prevenir y tratar esa infección activamente.
El resto, insiste, pasa por no minimizar señales que el cuerpo manda con claridad. Una orina con tinte rosado que reaparece no es algo que esperar que se resuelva solo.
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