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Colombia ante los terremotos: ¿está realmente preparada?
El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia el pasado 10 de agosto volvió a poner en primer plano una pregunta que trasciende la emergencia inmediata: ¿qué tan preparada está realmente Colombia para enfrentar un gran sismo y reducir el impacto sobre sus ciudades y comunidades? Mientras los equipos de rescate buscan sobrevivientes y miles de personas afrontan las consecuencias de la destrucción, expertos advierten que la amenaza sísmica no puede evitarse, pero sí es posible reducir significativamente la vulnerabilidad mediante mejores construcciones, planificación territorial y una respuesta de emergencia coordinada. Lo analizamos en El Debate de France 24.
El movimiento telúrico, con epicentro en San José del Palmar, en el departamento del Chocó, es el terremoto más fuerte registrado en el país en la última década y cuatro ciudades concentran la destrucción en el suroccidente del país: Quibdó, Cali, Pereira y Manizales.
La magnitud de los daños reavivó el recuerdo del terremoto de 1999 en el Eje Cafetero, que dejó más de 1.100 muertos. La emergencia actual, sin embargo, vuelve a mostrar profundas diferencias entre territorios: mientras algunas ciudades cuentan con una capacidad de respuesta inmediata, en regiones como el Chocó las dificultades de acceso agravan la situación.
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En este contexto, El Debate de France 24 nos preguntamos: ¿hasta qué punto las normas de construcción sismorresistente se aplican y se supervisan de manera efectiva en todo el territorio nacional? ¿Son suficientes? ¿Transcienden el papel?
Para los expertos, el riesgo no depende únicamente de la magnitud de un terremoto. «La amenaza sísmica es una condición geológica que Colombia no puede eliminar debido a la interacción de varias placas tectónicas y sistemas de fallas», lo que sí puede reducirse es la vulnerabilidad: dónde se construye, cómo se construye, qué materiales se utilizan y qué tan rigurosamente se supervisan las edificaciones.
Por ejemplo, la diferencia entre edificios que colapsaron y otros que permanecieron en pie, incluso dentro de una misma zona, «podría ofrecer información clave para futuras investigaciones». También podría contribuir a mejorar la denominada microzonificación sísmica, que permite determinar cómo pueden comportarse los suelos y qué condiciones deben tener las construcciones en cada territorio.
La capacidad de respuesta es otro de los grandes interrogantes después de un terremoto. Los especialistas destacan la existencia en Colombia de equipos de búsqueda y rescate urbano entrenados bajo estándares internacionales, así como la movilización de fuerzas militares, Policía, bomberos, Cruz Roja, personal sanitario y voluntarios.
Pero la preparación no depende únicamente de contar con equipos especializados. “También exige organización previa, protocolos claros y capacidad para movilizar rápidamente los recursos hacia los lugares donde más se necesitan. En una emergencia de gran magnitud, las primeras horas pueden ser determinantes para encontrar y rescatar sobrevivientes”.
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Para los panelistas, «la discusión sobre la ayuda internacional y la gestión del Gobierno nacional pasa a un segundo plano frente a una prioridad común: salvar vidas y garantizar una respuesta organizada durante las primeras horas de la emergencia”.
El programa también puso sobre la mesa varios desafíos en materia de prevención: actualizar las normas de construcción, reforzar la supervisión de las obras, mejorar la planificación territorial y fortalecer los sistemas de alerta temprana. Estos últimos no permiten predecir un terremoto, pero sí pueden proporcionar segundos valiosos para activar determinados protocolos, detener trenes, cerrar válvulas de gas o proteger instalaciones críticas.
La reconstrucción abre ahora otro capítulo. La experiencia del terremoto de 1999 en el Eje Cafetero dejó importantes lecciones sobre la capacidad del Estado y de la sociedad para movilizar recursos y reconstruir las zonas afectadas. Esta nueva emergencia plantea el desafío de aprovechar esas lecciones, pero también de reconocer que cada territorio tiene condiciones geológicas, urbanísticas y sociales diferentes.
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