Economicas
El endeudamiento en tarjetas de crédito (OPINION)
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POR JAIRO ESPINO
La tarjeta de crédito se ha convertido en la última década en uno de los instrumentos financieros más utilizados por los hogares dominicanos. Por varias razones facilita las compras, permite disponer de financiamiento inmediato y contribuye a dinamizar el consumo. Sin embargo, detrás de esta facilidad existe una preocupación que merece mayor atención: el elevado costo del crédito. Cuando las tasas de interés se aproximan al 60% de interés anual, el financiamiento se convierte en una pesada carga para las familias.
El principio de la tarjeta de crédito es sencillo: permite comprar hoy y pagar posteriormente. El problema aparece cuando el consumidor no puede pagar la totalidad del balance al vencimiento y comienza a financiar la deuda. En ese momento, la tarjeta deja de ser solamente un medio de pago y se convierte en una fuente de crédito costosa. Una tasa cercana al 60% anual puede generar una importante carga financiera, especialmente cuando la deuda se mantiene durante largos períodos.
Para comprender la magnitud del problema, imaginemos una deuda de RD$100,000 financiada a una tasa cercana al 60% anual. Sin considerar las particularidades del cálculo de intereses, pagos y comisiones, una aproximación simple permite visualizar un costo financiero considerable. Esto explica por qué realizar únicamente el pago mínimo puede prolongar significativamente la duración de una deuda. El consumidor puede terminar pagando mucho más que el valor originalmente consumido.
Desde una perspectiva económica, el crédito al consumo puede tener efectos positivos. Permite a las familias adquirir bienes y servicios que de otra manera tendrían que posponer. Además, contribuye a dinamizar las ventas, el comercio y determinadas actividades productivas. Sin embargo, existe un límite en el cual el endeudamiento comienza a reducir el ingreso disponible. La tarjeta puede aumentar el consumo presente, pero disminuir la capacidad de consumo futura.
El problema adquiere mayor importancia cuando las tarjetas se utilizan para complementar ingresos insuficientes. Si una familia necesita recurrir al crédito todos los meses para pagar alimentos, transporte, servicios o educación, la tarjeta deja de ser un instrumento de conveniencia. Se convierte en una extensión del ingreso familiar. En esas circunstancias, el endeudamiento puede crear un círculo difícil de romper, especialmente cuando los intereses continúan acumulándose.
La situación resulta particularmente preocupante para los hogares de ingresos bajos y medios. Una misma tasa de interés puede tener efectos muy diferentes dependiendo de la capacidad económica del consumidor. Para una persona con ingresos elevados, una deuda puede representar una proporción relativamente pequeña de su presupuesto. Para una familia con ingresos limitados, en cambio, los intereses pueden absorber una parte importante de sus recursos disponibles.
La Superintendencia de Bancos ha mostrado la importancia creciente de las tarjetas dentro del sistema financiero dominicano. Al cierre de 2025, el saldo adeudado por tarjetas de crédito personales alcanzaba aproximadamente RD$128,935 millones. Esta cifra demuestra que estamos frente a un mercado de gran magnitud económica. Por ello, las condiciones bajo las cuales se otorga este financiamiento deben ser objeto de análisis y debate público.
Verdadera discusión
El debate no debe centrarse exclusivamente en si las personas deben utilizar o no tarjetas de crédito. La verdadera discusión consiste en determinar cuál es el costo razonable del financiamiento destinado al consumo de los hogares. Las instituciones financieras tienen costos, riesgos y responsabilidades que justifican la existencia de tasas de interés. Pero también es necesario garantizar que el consumidor comprenda claramente cuánto terminará pagando por el dinero que utiliza.
Una tasa cercana al 60% anual merece especial atención cuando se compara con otras tasas existentes en el mercado financiero. Aunque las tasas de tarjetas y otros tipos de crédito no son directamente comparables debido a sus diferentes características y niveles de riesgo, una diferencia tan significativa justifica una discusión sobre competencia, costos y transparencia. El objetivo no debe ser eliminar el crédito, sino procurar que sea accesible y financieramente sostenible para los hogares.
También resulta indispensable fortalecer la educación financiera. Muchos consumidores desconocen el verdadero costo de mantener una deuda de tarjeta durante varios meses o años. El pago mínimo puede generar la sensación de que la obligación es manejable, cuando en realidad puede prolongar considerablemente el endeudamiento. Los usuarios deben conocer las tasas, comisiones, cargos y consecuencias de financiar sus balances antes de asumir nuevas obligaciones.
La transparencia constituye otro elemento fundamental. Los consumidores deberían poder comparar fácilmente las tasas de interés, comisiones y costos efectivos de las diferentes tarjetas disponibles en el mercado. Una mayor información puede estimular la competencia entre las entidades financieras y favorecer mejores condiciones para los usuarios. La tecnología también puede contribuir a que las personas conozcan en tiempo real cuánto les cuesta mantener una deuda determinada.
No se trata de desconocer la importancia del sistema financiero ni de cuestionar la rentabilidad de las instituciones bancarias. Los bancos cumplen una función fundamental en la economía y asumen riesgos al otorgar crédito. Sin embargo, el crecimiento del crédito debe estar acompañado de responsabilidad tanto por parte de las entidades como de los consumidores. El desarrollo financiero debe contribuir al bienestar económico y no convertirse en una fuente permanente de sobreendeudamiento.
República Dominicana necesita avanzar hacia un sistema financiero más competitivo, transparente e inclusivo. Esto implica promover productos de crédito con costos razonables, fortalecer la protección del consumidor y ampliar los programas de educación financiera. También resulta conveniente analizar periódicamente la relación entre las tasas de interés, los ingresos de los hogares y su capacidad de endeudamiento. Una economía fuerte necesita consumidores con capacidad de compra, pero también familias financieramente saludables.
Problema fundamental
El problema fundamental, por tanto, no es la existencia de las tarjetas de crédito, sino el costo de utilizarlas cuando las tasas se aproximan al 60% anual. La tarjeta puede ser una herramienta útil para administrar la liquidez y facilitar el consumo, siempre que sea utilizada responsablemente. Pero cuando una familia necesita endeudarse permanentemente para mantener sus gastos ordinarios, el problema deja de ser exclusivamente financiero. Se convierte en un asunto económico y social que requiere la atención de todos los sectores.
El crédito puede impulsar el consumo y contribuir al dinamismo de la economía, pero un crédito excesivamente caro puede terminar consumiendo el ingreso de los hogares. Por eso, el análisis sobre las tarjetas de crédito debe ir más allá de las cifras y preguntarnos qué tipo de sistema financiero queremos construir.
El objetivo debe ser que el crédito sea una herramienta de progreso y no una trampa de endeudamiento. Porque comprar hoy no debería significar comprometer excesivamente el bienestar económico de mañana.
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