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El presidente de Zambia, Hakainde Hichilema, gana la reelección con grandes promesas económicas
Tras reestructurar la deuda de Zambia durante su primer mandato, Hakainde Hichilema asegura que todavía queda trabajo por hacer y que durante su segundo periodo pretende duplicar el tamaño de la economía, crear más empleos y ampliar las oportunidades para los hogares.
El mandatario, de 64 años, ganó este martes un segundo mandato con cerca del 60 % de los votos, derrotando a su principal rival, Brian Mundubile, después de hacer campaña con la promesa de consolidar la recuperación económica de Zambia.
Desde que asumió el poder en 2021, Hichilema ha dirigido al país durante un importante proceso de reestructuración de la deuda y ha restablecido las relaciones con los prestamistas internacionales. Sin embargo, mientras sus partidarios le atribuyen haber reactivado la economía, sus críticos señalan que la pobreza y el hambre siguen estando muy extendidas y lo acusan de una creciente intolerancia frente a la disidencia.
De caminar descalzo a convertirse en empresario
Pocos líderes africanos han dedicado tanto tiempo a intentar alcanzar la Presidencia. Hichilema sufrió cinco derrotas electorales antes de conseguir finalmente desbancar al entonces presidente Edgar Lungu en 2021.
Nacido en el distrito de Monze, en el sur de Zambia, Hichilema suele presentarse como un empresario hecho a sí mismo que caminaba descalzo para ir a la escuela antes de obtener una beca estatal para estudiar en la Universidad de Zambia. Posteriormente cursó estudios de Administración de Empresas en la Universidad de Birmingham, en Reino Unido.
Conocido popularmente como “HH”, Hichilema trabajó en el sector empresarial y llegó a convertirse en uno de los hombres más ricos de Zambia gracias a su trayectoria en consultoría financiera, bienes raíces y ganadería.
Su perfil político cobró mayor relevancia en 2017, cuando pasó cuatro meses en prisión acusado de traición, después de que su convoy supuestamente no cediera el paso a la comitiva presidencial de Lungu. Los cargos fueron posteriormente retirados.
Hichilema utilizó ese episodio para reforzar entre sus seguidores su imagen de político perseguido durante el Gobierno de Lungu.
Durante las campañas que precedieron a las elecciones de 2021, Hichilema defendió que Zambia necesitaba una gestión económica disciplinada y sostuvo que él era la persona mejor preparada para reactivar la economía.
La recuperación económica
Cuando Hichilema finalmente asumió el poder en 2021, Zambia había entrado en default de su deuda el año anterior y atravesaba una de sus peores crisis económicas desde la independencia.
El mandatario logró importantes acuerdos de reestructuración de la deuda con acreedores internacionales, recompuso las relaciones con los prestamistas globales y atrajo inversiones hacia el sector del cobre, uno de los pilares de la economía del país.
Pese a las expectativas de austeridad, Hichilema amplió el gasto social. Introdujo la educación secundaria gratuita —que permitió, según estimaciones, el regreso de 2,3 millones de niños a las aulas—, al tiempo que incrementó las transferencias sociales en efectivo y la financiación de proyectos comunitarios.
“Ha demostrado que es sensible a las necesidades sociales y a la vida de los ciudadanos comunes”, afirmó O’Brien Kaaba, profesor de la Universidad de Zambia.
Aun así, muchos zambianos señalan el costo de vida y los precios de los alimentos entre sus principales preocupaciones.
Preocupación por la disidencia
Hichilema ha trasladado a su Gobierno la misma filosofía de gestión empresarial que marcó su trayectoria profesional.
A diferencia del expresidente Michael Sata, cuya popularidad se apoyaba en su imagen de carismático “hombre del pueblo”, la imagen política de Hichilema se ha construido en torno a la eficiencia en la gestión y la resolución de problemas.
Analistas señalan que este enfoque ha concentrado la toma de decisiones alrededor de la Presidencia, dejando un espacio limitado para las voces discrepantes.
“He llegado a comprender que es difícil asesorarlo, y muchas personas cercanas a él han admitido que no acepta fácilmente los consejos”, afirmó Neo Simutanyi, politólogo y consultor independiente radicado en Lusaka.
Aunque Zambia cuenta con una trayectoria de transiciones democráticas, la oposición acusa a Hichilema de restringir su capacidad para hacer campaña y de reprimir la disidencia política.
Su Gobierno también ha recibido críticas de organizaciones de la sociedad civil, grupos de defensa de los derechos humanos y líderes religiosos.
En noviembre de 2024, obispos católicos acusaron a Hichilema de utilizar a las fuerzas del orden para silenciar a sus adversarios, de manera similar a lo que, según señalaron, ocurrió con él cuando estaba en la oposición.
Un relator especial de Naciones Unidas señaló en un informe de 2025 que existía una “creciente preocupación” por el uso del sistema de justicia penal para “silenciar expresiones legítimas” y pidió reformas legales.
Más tarde ese mismo año, Zambia aprobó una ley sobre ciberdelincuencia que, según organizaciones de derechos humanos, está redactada de manera ambigua y permite a las autoridades interceptar comunicaciones electrónicas.
Hichilema rechaza las acusaciones de que su Gobierno haya utilizado a las fuerzas del orden para reprimir la disidencia o restringir las libertades democráticas.
“Arrestar y procesar a quienes infringen la ley no equivale a una pérdida del espacio democrático y de los derechos humanos”, afirmó ante el Parlamento el año pasado.
Este artículo es una adaptación de su original en inglés