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“Este es nuestro hemisferio”: Colombia amplía el mapa de influencia de Trump en América Latina

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Iván Cepeda ha reconocido la victoria de su rival en el balotaje de las elecciones presidenciales de Colombia, el populista Abelardo De la Espriella, y con la resolución del capítulo colombiano, Donald Trump suma un nuevo bastión en su esfuerzo por rodearse de aliados ideológicos en América Latina.

La marea roja que hace años pobló de gobernantes de izquierda el mapa de la región ha quedado reducida a menos de media docena de países, mientras el endoso del líder republicano sigue configurando un continente a su medida, en la mayoría de los casos con ayuda de amenazas y coerción.

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El rojo MAGA: el color de la temporada

Las elecciones de mitad de mandato en Argentina, en las que Javier Milei se jugaba la viabilidad de su proyecto de gobierno, fueron para Trump el globo de ensayo con el que probó la fuerza de su pulso geopolítico.

“No vamos a permitir que alguien llegue al poder y malgaste el dinero de los contribuyentes de este país. Si (la bancada de Milei) pierde, no vamos a ser generosos con Argentina”, prometió antes de un almuerzo con el presidente argentino en la Casa Blanca.

En juego estaba el rescate por 20.000 millones de dólares ofrecido a Argentina para ayudar a paliar la falta de liquidez, que el secretario del Tesoro Scott Bessent presentó como una muestra de que la “comunidad internacional, incluyendo el FMI, está unida detrás de Argentina y su prudente estrategia fiscal”.

En ese mismo encuentro, Trump definió a Milei como “MAGA de verdad” y el libertario le ha dado la razón, reproduciendo sus políticas de recorte del gasto público, incluso a costa de despidos y de desinversión en obras de infraestructura y programas sociales.

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Imagen de portada: © France 24

La práctica también incluyó a Ecuador, con una reunión clave en Mar-a-Lago con Daniel Noboa a escasos días de las elecciones presidenciales, y siguió con Honduras, en este caso repitiendo la amenaza de recortar las ayudas si no era electo Nasry Asfura.

Más recientemente, se ha sumado Colombia, con el respaldo “completo y total” que Trump otorgó a un líder “inteligente y fuerte”, como se refirió a De la Espriella, al tiempo que amenazaba con anular una ayuda militar de miles de millones de dólares si Cepeda, el candidato del Gobierno y de izquierda, resultaba electo.

Antes, ya Trump jugaba en llave con otros líderes regionales como Nayib Bukele de El Salvador, Rodrigo Chaves en Costa Rica, Santiago Peña en Paraguay o Luis Abinader en República Dominicana, y no le fue muy difícil condicionar a Raúl Mulino en Panamá, luego de unos desencuentros iniciales, a que se alineara con su necesidad de reducir la influencia de China en la región.

Tampoco le costó mucho transferir el lazo con Chaves a su sucesora Laura Fernández.

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América Latina: Colombia elige en un continente cada vez más inclinado hacia la derecha
Imagen de portada: América Latina: Colombia elige en un continente cada vez más inclinado hacia la derecha © France 24

En el camino se urdieron también las lealtades de otros líderes con afinidad ideológica como José Antonio Kast en Chile o Rodrigo Paz en Bolivia, que llegaron a sus palacios de gobierno sin el endoso de Trump, pero son abiertamente favorables a sus políticas.

Sin embargo, no puede hablarse de un nuevo multilateralismo, como le explicó a ‘CNN’ Mónica Hirst, doctora en Estudios Estratégicos y profesora en el Instituto de Estudios Sociales y Políticos de la Universidad del Estado de Río de Janeiro.

“Cada vínculo es único, cada relación se negocia de manera directa, sin marcos colectivos”, apunta la experta, quien agrega que “de impulso en impulso se va construyendo una nueva realidad que tiene que ver con un nuevo orden global internacional”.

El péndulo que suele marcar las tendencias electorales en América Latina ha favorecido la tendencia que impone a «outsiders» como el propio Trump, Bukele o ahora De la Espriella, según le explicó a la agencia de noticias AFP la especialista en ultraderechas Lisa Zanotti.

«Las elecciones presidenciales permiten a los emprendedores políticos saltarse los partidos débiles o desacreditados y establecer una relación directa con los votantes», apuntó la investigadora del Instituto de Democracia de la Central European University en Budapest.

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La paz a través de la fuerza

El Escudo de las Américas, la iniciativa de seguridad hemisférica de la Casa Blanca, terminó de acoplarlos a todos bajo un mismo esquema militar, policial y de inteligencia, sumando en el mismo esfuerzo a otros socios no latinoamericanos como Guyana y Trinidad y Tobago.

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La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, sonríe tras despedir al secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, luego de su reunión en el Palacio de Miraflores en Caracas, Venezuela, el miércoles 11 de febrero de 2026.
Imagen de portada: La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, sonríe tras despedir al secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, luego de su reunión en el Palacio de Miraflores en Caracas, Venezuela, el miércoles 11 de febrero de 2026. © AP – Ariana Cubillos

Pero el golpe más fuerte sobre el tablero regional, el que demostró hasta dónde está dispuesto a llegar Trump para moldear el hemisferio a su conveniencia, se produjo el 3 de enero, cuando una operación de fuerzas élite estadounidenses extrajo de un búnker en Caracas al entonces presidente Nicolás Maduro y lo trasladó a Nueva York para responder por los presuntos delitos de tráfico de drogas y armas.

Su sucesora, Delcy Rodríguez, no se presenta abiertamente alineada con la nueva ola ultraderechista latinoamericana, pero actúa en perfecta sincronía con Washington, aprobando reformas a las leyes de hidrocarburos y minería para allanar el camino a nuevas iniciativas de inversión promovidas por Trump.

Con la adición de De la Espriella y el esperado triunfo de Keiko Fujimori en Perú, Brasil queda como el único gran aliado de izquierda de la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum.

Sin embargo, restan menos de cuatro meses para unas elecciones en las que el candidato de ultraderecha, Flávio Bolsonaro, ha apelado abiertamente al favor de Trump y este ha respondido con un abanico de impulsos que, por supuesto, incluyen la amenaza de aranceles.

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Donald Trump y Lula da Silva, presidentes de Estados Unidos y Brasil respectivamente.
Imagen de portada: Donald Trump y Lula da Silva, presidentes de Estados Unidos y Brasil respectivamente. © France 24

Queda también el hueso más duro de roer de la región, una Cuba que ha puesto en marcha reformas económicas que persiguen una mayor apertura hacia el mercado, pero sigue negada a aceptar las presiones para el anhelado “cambio de régimen” que promueven Trump y su secretario de Estado Marco Rubio.

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Los puntos que unen a la nueva constelación

Las preocupaciones en materia de seguridad forman parte del discurso común de los nuevos actores del universo hemisférico de Trump.

Nayib Bukele ha encarcelado a cerca del 2% de la población de El Salvador. Laura Fernández y ahora también De la Espriella y Fujimori se inclinan por la fórmula de las megacárceles para hacer frente a fenómenos como el narcotráfico y la inseguridad, mientras que Kast basó su victoria en la estigmatización de la inmigración como responsable de un supuesto aumento de los delitos en Chile.

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Anthony Pereira, experto en estudios latinoamericanos de la Universidad de Tulane, apunta que el mismo mecanismo que encumbró a las izquierdas en el continente hoy marca sus reveses: el precio de las materias primas.

Cuando estos estaban altos, fue posible introducir subsidios, mejorar el salario, formalizar el empleo y ampliar el acceso al crédito y a la educación. Con ello, «el número de personas que vivían en la pobreza disminuyó» y los movimientos progresistas ganaron fuerza en la región.

Pero cuando fue imposible mantener esos programas porque las materias primas perdieron valor, «el optimismo de la década de 2010 se convirtió en decepción».

En paralelo, «el crimen organizado se fortaleció y llegó a controlar barrios enteros, hasta prisiones. Los votantes empezaron a responder con más entusiasmo a los políticos que afirmaban ser antisistema», explica Pereira.

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Pero el enfoque de “paz a través de la fuerza” (o lo que es lo mismo, la militarización para combatir al crimen organizado) que la mayoría de los nuevos líderes de la ultraderecha latinoamericana comparten con Trump puede resultar insuficiente para un fenómeno que se ha diversificado en los últimos años y que ahora puede incluir desde extorsión a conductores en las carreteras de Perú hasta bandas armadas adueñadas de minas de oro en Venezuela.

El mismo desencanto que arrasó a los gobiernos de izquierda cuando cayeron los precios de las materias primas, puede pasarle factura a los de derecha cuando las promesas de campaña comiencen a tropezar con la realidad de que fenómenos como el crimen o las dificultades fiscales no tienen un único abordaje.

Lo han vivido Rodrigo Paz en Bolivia, con más de 50 días de protestas contra sus políticas, Kast en Chile, con el desplome de su popularidad en los primeros 100 días del Gobierno o Noboa, en un Ecuador donde los toques de queda se multiplican ante la incapacidad de reducir las tasas de homicidio.

Podría vivirlo también De la Espriella, que según le dijo a AFP el investigador del Instituto Caro y Cuervo, Juan Álvarez, llevó a cabo una «campaña en blanco y negro, agudizando las diferencias, mientras que se gobierna en escala de grises».

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Con AFP y AP

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