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¿Intentó el jefe de la CIA disuadir a Rusia de atacar a la OTAN durante su viaje secreto a Moscú?

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Una visita cuyo propósito se encuentra bajo escrutinio. El hasta ahora viaje secreto del director de la CIA, John Ratcliffe, a Moscú esta semana ha abierto un nuevo interrogante sobre la naturaleza de los contactos entre Washington y el Kremlin en un momento especialmente delicado de la guerra de Rusia contra Ucrania.

El jefe de la CIA mantuvo el martes una reunión con Serguéi Narishkin, director del Servicio de Inteligencia Exterior ruso (SVR), según confirmó el propio funcionario ruso. Narishkin describió el encuentro como una «reunión de trabajo» para abordar asuntos delicados dentro del ámbito de competencia de ambos servicios de inteligencia, sin revelar detalles.

La importancia del viaje, sin embargo, va más allá de la reunión en sí. ‘The Wall Street Journal’ y ‘CBS News’ han informado, citando por separado a fuentes familiarizadas con la visita, que Ratcliffe viajó a Moscú para transmitir a Rusia una advertencia: no atacar a ningún miembro de la OTAN.

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El temor a una prueba limitada de la OTAN

Según las fuentes, el mensaje estaría relacionado especialmente con los países bálticos —Estonia, Letonia y Lituania— y con recientes evaluaciones de inteligencia estadounidenses según las cuales el presidente ruso, Vladimir Putin, podría intentar poner a prueba la voluntad de la Alianza Atlántica mediante una acción limitada.

La información no ha sido confirmada oficialmente. La CIA declinó comentar los motivos del viaje y la Casa Blanca remitió a las declaraciones de Trump. El Kremlin, por su parte, ha rechazado que las informaciones de la prensa estadounidense describan correctamente las intenciones de Rusia.

Archivo: la bandera de la OTAN y la bandera ucraniana ondeando en Berlín, el 8 de mayo de 2025.
Le drapeau de l’Otan et le drapeau ukrainien, brandis à Berlin, le 8 mai 2025. © Odd Andersen/AFP

La cautela resulta especialmente significativa porque una advertencia de este tipo implicaría que Washington está tratando de establecer, directamente con Moscú, límites frente a posibles acciones rusas que podrían desencadenar una respuesta de la Alianza.

El elemento central de esta evaluación no sería necesariamente la intención de iniciar una guerra abierta con la OTAN. El cálculo que preocupa a Washington sería, precisamente, uno más limitado: que Moscú busque explotar las zonas grises de la respuesta aliada para comprobar hasta dónde está dispuesta a llegar la Alianza para defender a uno de sus miembros.

Ese escenario tendría una importancia particular en el flanco oriental de la OTAN. Los países bálticos mantienen una frontera directa con Rusia y han advertido durante años sobre los riesgos derivados de la política militar rusa. Desde la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, la percepción de vulnerabilidad en esa región se ha intensificado.

‘CBS News’ informó anteriormente de que las evaluaciones de inteligencia estadounidenses contemplaban la posibilidad de que Rusia recurriera a ciberataques, sabotajes, operaciones de influencia u otras acciones que quedaran por debajo del umbral de una guerra convencional. Una operación de ese tipo permitiría a Moscú medir la cohesión de la OTAN y, al mismo tiempo, evaluar la disposición de la Administración Trump a responder.

Archivo- Soldados alemanes asignados al Ala 1 de Defensa Aérea y de Misiles de Superficie disparan el sistema de armas Patriot en la Instalación de Lanzamiento de Misiles de la OTAN, en Chania, Grecia, el 8 de noviembre de 2017.
Archivo- Soldados alemanes asignados al Ala 1 de Defensa Aérea y de Misiles de Superficie disparan el sistema de armas Patriot en la Instalación de Lanzamiento de Misiles de la OTAN, en Chania, Grecia, el 8 de noviembre de 2017. © Departamento de Defensa de EE. UU./Sebastian Apel/Vía AP

El precedente es particularmente sensible porque el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte establece el principio de defensa colectiva: un ataque contra un miembro es considerado un ataque contra todos. Pero la aplicación concreta de ese principio dependería de las circunstancias de cada incidente y de las decisiones políticas de los aliados.

Ahí reside uno de los posibles objetivos de una eventual acción rusa limitada: no necesariamente derrotar militarmente a un miembro de la OTAN, sino crear una situación en la que los aliados tengan que decidir rápidamente cuánto están dispuestos a arriesgar para responder.

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El factor Ucrania y las reservas militares estadounidenses

La escasez de municiones occidentales esenciales por la guerra en Irán, la presión interna sobre el Kremlin y el estancamiento del conflicto en Ucrania —que se prolonga por quinto año consecutivo— habrían avivado el temor de Washington. En consecuencia, la Casa Blanca habría enviado a Ratcliffe como mensajero para disuadir a Moscú de rebasar las fronteras de Ucrania en el desarrollo del conflicto, según WSJ.

Entretanto, ‘CBS’ mencionó en un artículo del jueves la existencia de «informes de la inteligencia estadounidense que indicaban que Rusia podría intentar poner a prueba a la OTAN».

El mismo medio aseguró que Ratcliffe también incluyó a Irán en el temario durante su conversación con la contraparte rusa, a quien deslizó la posibilidad de imponer más sanciones a la República Islámica si esta se negaba a reabrir el estrecho de Ormuz al tráfico marítimo, después de que Teherán ordenara su bloqueo en respuesta a los ataques conjuntos del 28 de febrero de EE. UU. e Israel.

Pese a que la prensa estadounidense apunta a que el motivo de la reunión fue salvaguardar la soberanía de los países de Europa del Este, la portavoz de la Comisión Europea, Paula Pinho, reveló este jueves que Estados Unidos no informó a Bruselas sobre el viaje de Ratcliffe a Rusia.

En esta foto proporcionada por el servicio de prensa de la 65.ª Brigada Mecanizada de Ucrania, soldados disparan un sistema de misiles antitanque durante un simulacro cerca de la línea del frente, en el lugar donde se libran intensos combates con las tropas rusas en la región de Zaporizhzhia, Ucrania, el domingo 4 de enero de 2026.
En esta foto proporcionada por el servicio de prensa de la 65.ª Brigada Mecanizada de Ucrania, soldados disparan un sistema de misiles antitanque durante un simulacro cerca de la línea del frente, en el lugar donde se libran intensos combates con las tropas rusas en la región de Zaporizhzhia, Ucrania, el domingo 4 de enero de 2026. AP – Andriy Andriyenko

En este contexto, Estados Unidos reafirmó este jueves su compromiso con la seguridad colectiva de la OTAN. «Europa sigue siendo de un interés fundamental para Estados Unidos, incluso mientras damos prioridad al hemisferio occidental y a la primera cadena de islas», expresó el subsecretario de Defensa de Estados Unidos, Elbridge Colby, en una comparecencia junto con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte.

La visita secreta del director de la CIA a Moscú se descubrió después de que se identificara un avión militar estadounidense que despegó el martes por la mañana de Letonia con destino al aeropuerto Vnukovo de Moscú, según datos del sitio web especializado ‘Flightradar24’. La misma aeronave partió de la capital rusa a primera hora de la tarde del martes.

El periódico ‘Financial Times’ reveló que Washington pidió a Ucrania que no atacara la capital rusa, San Petersburgo, ni otras zonas del norte del país entre el lunes y el miércoles para permitir el viaje de un alto funcionario estadounidense. 

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¿Cuál es la versión oficial de Rusia y EE. UU.?

Las citadas preocupaciones estadounidenses se producen después de una serie de incidentes que han elevado la tensión en el espacio aéreo y el entorno de seguridad de los países bálticos y de otros miembros orientales de la Alianza.

Sin embargo, las hipótesis de la prensa estadounidense fueron rechazadas este jueves por el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. «Actualmente se publican muchas historias alarmistas de este tipo. Por supuesto, no tienen nada que ver con la realidad ni con las intenciones de la Federación Rusa», señaló el portavoz, quien se negó a revelar qué se había discutido o a proporcionar más detalles de la reunión entre Ratcliffe y Narishkin.

Un día antes, Peskov afirmó: «Lo único que puedo decirles es que ha habido contactos a través de los servicios de seguridad. Puedo asegurarles que no ha habido reuniones con el presidente ruso. Naturalmente, el presidente Putin está al tanto de todo sin demora».

Ambos gobiernos han intentado restar importancia al encuentro. Mientras Narishkin afirmó que el encuentro con Ratcliffe no tenía nada de inusual, el presidente estadounidense, Donald Trump, definió la visita como «semirutinaria».

En una entrevista radiofónica el miércoles, Trump no especificó por qué Ratcliffe había viajado a Moscú, pero dijo que podría resultar útil. «Puede que algo bueno salga de todo esto. Estamos trabajando muy duro para que esa guerra termine», señaló el republicano en el programa de Glenn Beck, en alusión a la guerra en Ucrania.

Al ser preguntado sobre si el jefe de la CIA había ido a Moscú para discutir posibles acciones rusas contra la OTAN o para discutir sanciones contra Irán, Trump respondió: «Ninguna de las anteriores».

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Imagen de portada: © France 24

Aunque el líder de la Casa Blanca insiste en que fue un encuentro habitual, se trata de la primera visita conocida de Ratcliffe a Rusia como director de la CIA. El último viaje de la máxima autoridad estadounidense de inteligencia a Moscú ocurrió en noviembre de 2021, cuando el entonces jefe de la CIA, William Burns, mantuvo conversaciones con Putin.

Burns viajó a Moscú para advertir en contra del envío de tropas a Ucrania, lo que terminaría ocurriendo tres meses más tarde.

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¿Los países bálticos, bajo amenaza?

Las incursiones de drones en el espacio aéreo de los países bálticos —Lituania, Letonia y Estonia— en el transcurso de la invasión rusa a Ucrania ha sido ampliamente documentado. Aunque varios de estos artefactos han sido identificados como ucranianos, los gobiernos de estos países y la nación invadida han atribuido su desvío a la guerra electromagnética de Moscú.

El pasado 19 de mayo, un dron militar ucraniano entró en el espacio aéreo estonio procedente de Rusia, antes de ser derribado por un F-16 rumano de la OTAN. Se trató de la primera vez que uno de los aviones de la misión de policía aérea de la OTAN en los países bálticos empleó fuego real contra un aparato no tripulado.

Tres semanas después, otro dron que violó el espacio aéreo de Letonia desde Rusia fue derribado por un Rafale francés integrado en la misión de la OTAN. Las Fuerzas Armadas letonas aseguraron que el aparato había sido dirigido contra ese país como consecuencia de la guerra electrónica rusa, aunque inicialmente no identificaron al lanzador.

Ambas incursiones en Estonia y Letonia en menos de un mes evidenciaron un patrón: drones ucranianos dirigidos contra Rusia que se desviaban hacia territorio de la OTAN tras sufrir aparentemente interferencias de navegación.

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VENTANA A EUROP
Imagen de portada: VENTANA A EUROPA. Montaje realizado por France 24. © France 24

La amenaza escaló a inicios de agosto después de que el Gobierno lituano advirtiera de que Rusia estaría preparando ataques de «bandera falsa» mediante la utilización de drones ucranianos capturados o reconstruidos en el transcurso de la guerra para golpear a naciones europeas.

«Estamos hablando de una operación de falsa bandera, utilizando un dron ucraniano falso (…) Uno de los objetivos es que la OTAN flaquee y reduzca su apoyo a Ucrania», apuntó entonces el ministro de Defensa lituano, Robertas Kaunas.

Si bien estos episodios no constituyen por sí mismos pruebas de una decisión rusa de atacar a la OTAN, sí ilustran, no obstante, la dificultad de separar los efectos de la guerra en Ucrania de una posible acción deliberada contra territorio aliado.

Para los gobiernos bálticos, el riesgo no se limita a una invasión convencional. Una campaña de sabotaje, ciberataques, desinformación, interferencias electrónicas o incursiones cuidadosamente calibradas podría generar presión sobre la Alianza sin cruzar inicialmente un umbral inequívoco que obligara a una respuesta militar colectiva.

La verdadera importancia del viaje de Ratcliffe podría residir precisamente en la ambigüedad que lo rodea. Si las fuentes citadas por ‘The Wall Street Journal’ y ‘CBS’ están en lo correcto, Washington habría elegido un canal de inteligencia de alto nivel para transmitir a Moscú una advertencia sobre los límites que no debería cruzar en Europa. La elección de un interlocutor como Narishkin permitiría hacerlo sin convertir el mensaje en una declaración pública que pudiera reducir el margen de maniobra diplomático de ambas partes.

Pero si el viaje fue, como sostiene Trump, esencialmente «semirutinario», las informaciones sobre una advertencia específica a Rusia podrían reflejar solo una parte de una conversación más amplia o una interpretación de fuentes que no representa la posición oficial de la Administración.

En cualquier caso, el contexto explica por qué la visita ha generado tanta atención. La guerra de Ucrania entra en una fase en la que el riesgo para Europa no se limita a la línea del frente. Para Estados Unidos y sus aliados, la cuestión más delicada es determinar si Moscú puede intentar abrir un nuevo frente de confrontación sin desencadenar una guerra directa con la OTAN.

Y para Rusia, cualquier prueba de la determinación aliada tendría que partir de un cálculo especialmente arriesgado: medir la respuesta de la Alianza sin provocar precisamente el conflicto que, al menos públicamente, ninguno de sus miembros afirma buscar.

Con AP, Reuters y medios locales

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