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Keiko Fujimori, la cuarta sí es la vencida: claves de una reñida victoria y su futuro mandato en Perú

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Se definió finalmente quien dirigirá a Perú. La candidata derechista Keiko Fujimori es, oficialmente, la vencedora del balotaje en el que había competido con su adversario de izquierda Roberto Sánchez, el domingo 7 de junio.

De acuerdo con el escrutinio de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), que se extendió por semanas mientras se revisaban algunas actas observadas, Fujimori, del partido Fuerza Popular, obtuvo 9.223.396 sufragios, mientras que Sánchez Palomino, de Juntos por el Perú, concentró 9.173.755 papeletas. 

Así, los peruanos zanjaron la disputa entre dos postulantes presidenciales que originalmente pasaron la primera vuelta con menos del 20% de apoyo popular.

La heredera política de su padre, el expresidente autócrata Alberto Fujimori (1990-2000), ya había intentado llegar al Gobierno en tres ocasiones anteriores, aunque sin éxito. 

La candidata presidencial de Perú, Keiko Fujimori, por el partido Fuerza Popular, emite su voto en una mesa electoral durante la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Lima el 7 de junio de 2026
La candidata presidencial de Perú, Keiko Fujimori, por el partido Fuerza Popular, emite su voto en una mesa electoral durante la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Lima el 7 de junio de 2026 © MARTIN BERNETTI / AFP

Apoyada por el sector empresarial y los políticos defensores del modelo económico actual, su futuro mandato, que iniciará el próximo 28 de julio, está –sin embargo– rodeado de relativa incertidumbre, pues los últimos dos gobernantes electos por voto directo en Perú no completaron el periodo previsto de cinco años y sus salidas dieron pie a otros seis gobiernos similarmente fugaces.

France 24 en Español entrevistó a especialistas peruanos para entender el complejo escenario de la nueva Administración, los elementos que abonaron a la victoria de Fujimori y las eventuales fracturas políticas en una nación marcada por una década de inestabilidad.

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El secreto del éxito: un partido «sólido y disciplinado»

En entrevista con este medio, expertos coincidieron en señalar que la mayor fortaleza de Keiko Fujimori es representar a un partido de base sólida y presencia sostenida en el Congreso y en los gobiernos locales, aun cuando esa marca genere anticuerpos entre una parte importante de la población.

“Su gran ventaja en este balotaje ha sido, sin duda, el hecho de tener una organización política sólida y profesional. Keiko Fujimori ha sabido reinventarse después de estar en la cárcel [de manera preventiva en tres oportunidades mientras se la investigaba por presunto lavado de activos] y también después de la muerte de Alberto Fujimori. Aunque su imagen genere mucha división y antivoto en cada elección presidencial, siempre ha reflotado como una opción entre un grupo considerable de peruanos”, explicó el politólogo Gonzalo Banda Lazarte.

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2026-04-11 19:12 Keiko Fujimori y su cuarto intento por alcanzar la presidencia de Perú
Imagen de portada: 2026-04-11 19:12 Keiko Fujimori y su cuarto intento por alcanzar la presidencia de Perú © France 24

Para la politóloga Kathy Zegarra Díaz, la ventaja de Fujimori frente a Sánchez en estos comicios ha recaído también en los respaldos de sectores económicos importantes de la élite capitalina. Por otra parte, coincide en señalar que el partido Fuerza Popular tiene una fuerte capacidad de organización, lo que le ha permitido movilizar una campaña más cohesionada.

Pese a que no lideró la votación en la mayoría de regiones del país como sí lo hizo Sánchez, algunos de los bastiones electorales de Fujimori –Lima, gran parte de la Costa Norte, Loreto y Peruanos en el Extranjero– fueron determinantes para voltear la elección a su favor. 

“Keiko Fujimori tiene un partido fuerte, sólido y disciplinado, con capacidad de organización. El orden que ha tenido en términos de buscar y recolectar personeros, por ejemplo, es un indicador importante. Su campaña ha tenido evidentemente mayores ventajas económicas y de recursos humanos que la de Sánchez. Adicionalmente a esto, su candidatura ha tenido sectores que han beneficiado su imagen, como el empresarial y el de algunos medios tradicionales”, afirma Zegarra a France 24 en Español.

“Keiko Fujimori tiene un partido fuerte, sólido y disciplinado, con capacidad de organización.

El peso de ser la heredera política de Alberto Fujimori

Keiko Fujimori ha sido muy visible en la política peruana desde 1994, cuando a los 19 años asumió como primera dama de la nación tras la separación de sus padres.

Luego de la caída del gobierno de Alberto Fujimori en el 2000 por graves acusaciones de corrupción y la posterior condena de este bajo cargos de homicidio, secuestro y torturas, la hija mayor de los Fujimori siempre ha insistido en que su fallecido padre fue procesado como autor mediato sin pruebas suficientes y que la responsabilidad penal debió recaer solo en los autores directos de los delitos.

Archivo-El presidente peruano Alberto Fujimori conversa con su hija, la primera dama de Perú, Keiko Sofia Fujimori, durante un evento religioso en la Catedral de Lima mientras el país celebra el aniversario 178 de su independencia. En Lima, Perú, el 28 de julio de 1999.
Archivo-El presidente peruano Alberto Fujimori conversa con su hija, la primera dama de Perú, Keiko Sofia Fujimori, durante un evento religioso en la Catedral de Lima mientras el país celebra el aniversario 178 de su independencia. En Lima, Perú, el 28 de julio de 1999. © AFP/Alejandra Brun

Para 2006, con 31 años, Keiko Fujimori fue elegida congresista de la República y, cuatro años después, fundó su propio partido político. Desde entonces, se ha presentado como candidata en todos los comicios presidenciales (2011, 2016, 2021 y 2026), llegando a competir también en todos los balotajes.

“Fujimori ha construido un proyecto político propio, aunque con cimientos de reivindicación al gobierno de su padre. Podemos decir que Keiko es una política pro-establishment, de derecha, asociada al viejo populismo de su padre, defensora del orden económico actual, de la Constitución peruana de 1993 y del discurso de mano dura frente a la delincuencia. Su perfil se alinea perfectamente con algunas derechas latinoamericanas, que también guardan líneas bastante conservadoras, simpatizantes del Foro de Madrid, por ejemplo”, comentó Banda, consultado sobre las características que han moldeado a Fujimori en sus tres décadas de actividad política.

Una primera vuelta de apoyos mínimos 

La campaña en estas elecciones, tanto en el bando de Fujimori como en el de Sánchez, tuvo debilidades notorias. Para empezar, el respaldo de primera vuelta fue mínimo –Fujimori despuntó con apenas el 17%, mientras que su oponente obtuvo el 12%– y ambas candidaturas arrastraban cuestionamientos.

Un partidario de la candidata presidencial peruana Keiko Fujimori, por el partido Fuerza Popular, muestra un retrato del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000) durante la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Lima el 7 de junio de 2026
Un partidario de la candidata presidencial peruana Keiko Fujimori, por el partido Fuerza Popular, muestra un retrato del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000) durante la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Lima el 7 de junio de 2026 © MARTIN BERNETTI / AFP

En el caso específico de Fujimori, una parte de la ciudadanía la asocia a intereses de copamiento institucional, pactos de impunidad con otras fuerzas políticas y responsabilidad en los excesos de su bancada parlamentaria.

El politólogo Paolo Sosa Villagarcia advierte que, en este proceso electoral, Fujimori también consiguió cierta ventaja de los desgastados recursos simbólicos de Sánchez. Según el especialista, Sánchez habría tenido un poco menos poder de arrastre popular debido a su asociación con un proyecto de gobierno reciente y deslucido: el de Pedro Castillo, expresidente actualmente condenado por un fallido golpe de Estado e investigado aún por indicios de corrupción.

El candidato a la Presidencia de Perú Roberto Sánchez celebra junto a simpatizantes las proyecciones que ratifican un empate técnico contra Keiko Fujimori con una mínima ventaja para él en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales este domingo, en Lima (Perú).
El candidato a la Presidencia de Perú Roberto Sánchez celebra junto a simpatizantes las proyecciones que ratifican un empate técnico contra Keiko Fujimori con una mínima ventaja para él en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales este domingo, en Lima (Perú). EFE – Aldair Mejía

“Roberto Sánchez trató de cargar con las banderas de un gobierno que ya genera sospechas fundadas (de incumplimiento de promesas e instrumentalización del poder), además de tener otras debilidades técnicas que se fueron trasluciendo en campaña con su modificación al plan de gobierno o poca solvencia en los debates. Aunque Sánchez tiene formación política y fue relativamente eficiente en tratar de mitigar críticas, en esta ocasión eso parece no haber sido suficiente frente a Keiko Fujimori. Estamos hablando de una ventaja muy ligera pero significativa en el resultado”, indicó Sosa.

¿El fin de la inestabilidad política de Perú?

En una década, antes de Keiko Fujimori, el país tuvo nueve presidentes. Y solo en el último período presidencial (2021-2026), hubo cuatro mandatarios; tres de ellos, removidos por el Congreso. El primero, electo por voto popular, fue Pedro Castillo. No obstante, poco más de un año después, Castillo fue destituido tras su intento de autogolpe. Fue entonces que su vicepresidenta, Dina Boluarte, asumió el gobierno, pero fue destituida casi tres años después entre escándalos y acusaciones de incompetencia frente a la inseguridad ciudadana.

El siguiente mandatario fue José Jerí, quien era presidente del Congreso y tomó el poder por orden constitucional al no haber más vicepresidentes. Jerí fue removido luego de apenas cuatro meses por denuncias de corrupción y contrataciones irregulares. Quien lo sucedió y continúa en Palacio de Gobierno es el parlamentario José Balcázar, cuya gestión mantiene cuestionamientos.

De izquierda a derecha: Ollanta Humala (2011-2016), Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018), Martín Vizcarra (2018-2020), Manuel Merino (2020), Francisco Sagasti (2020-2021), Pedro Castillo (2021-2022), Dina Boluarte (2022-2025) y José Jerí (2025-2026). El último presidente peruano elegido por voto popular que culminó su período de cinco años fue Ollanta Humala (2011-2016). Desde entonces, dos renunciaron, cuatro fueron destituidos y solo uno –el ahora excongresista Francisco Sagasti– terminó como encargado.
De izquierda a derecha: Ollanta Humala (2011-2016), Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018), Martín Vizcarra (2018-2020), Manuel Merino (2020), Francisco Sagasti (2020-2021), Pedro Castillo (2021-2022), Dina Boluarte (2022-2025) y José Jerí (2025-2026). El último presidente peruano elegido por voto popular que culminó su período de cinco años fue Ollanta Humala (2011-2016). Desde entonces, dos renunciaron, cuatro fueron destituidos y solo uno –el ahora excongresista Francisco Sagasti– terminó como encargado. © Presidencia de Perú / montaje propio

El politólogo Gonzalo Banda señaló a France 24 en Español que la llegada de Keiko Fujimori al Ejecutivo –tras una campaña con visibles apoyos de sectores poderosos– no necesariamente asegura mayor estabilidad política. De otro lado, sostiene que la oposición en el Congreso –conformada por grupos de izquierda y centro-izquierda– puede generar contenciones interesantes frente a las fuerzas de derecha.

“Si bien es casi imposible que Fujimori llegue a ser destituida bajo iniciativa del Congreso como lo hemos visto en otros presidentes, yo creo que no debemos ignorar otros tipos de inestabilidad. En el caso de Fujimori, el sur peruano sigue siendo una fuerza de movilización antigubernamental. Es muy difícil gobernar con la calle en contra o con una parte del país que te desprecia», afirma el experto.

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Otro aspecto a considerar, según el académico, «es la nueva composición del Congreso, con nuevos partidos que parecen tener actores más racionales y menos autodestructivos. La precariedad en la política peruana va a continuar, pero no me parece materialmente posible, al menos en el corto o mediano plazo, una repetición de situaciones tan extremas”, expresó Banda.

Paolo Sosa, por su parte, sostiene que la polarización de estos comicios tan ajustados ya predispone a los partidos a arrancar el período parlamentario con poca madurez política. Recuerda, además, que Renovación Popular, el partido de Rafael López Aliaga –quien alegó fraude tras quedar tercero en la primera vuelta– tomó una postura hostil frente a la candidatura de Fujimori y no fue hasta pocos días antes del balotaje que expresó su endose solo para contener el avance de Sánchez.

El candidato presidencial ultraconservador peruano Rafael López Aliaga, del partido Renovación Popular, denuncia presuntas irregularidades en las recientes elecciones, el 14 de mayo de 2026 en Lima
El candidato presidencial ultraconservador peruano Rafael López Aliaga, del partido Renovación Popular, denuncia presuntas irregularidades en las recientes elecciones, el 14 de mayo de 2026 en Lima © Connie France / AFP

“En Perú parece que no hay pluralismo, sino una vocación de eliminación del otro. Con la polarización, se han construido estas imágenes antagonistas tanto de fujimoristas como de quienes estuvieron del lado de Roberto Sánchez. Una vez en el gobierno, Fujimori puede encontrar que no será automático el apoyo de sus antiguos aliados, como Renovación Popular. Ahí, se pueden producir conflictos entre aliados naturales de derecha; algo similar a lo ocurrido en 2016”, comentó Sosa.

Si bien la estabilidad política depende de la aritmética parlamentaria de los votos y Fujimori tiene una bancada mejor cohesionada, la politóloga Kathy Zegarra coincide en que el gobierno de Fujimori tendrá que lidiar con el descontento social tras su elección.

Sin embargo, resalta que la gestión puede tener menos frentes abiertos con otras instituciones, pues la bancada de Fuerza Popular impulsó la designación de autoridades en entes clave, como la Defensoría del Pueblo y el Tribunal Constitucional.

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