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“Parecía una película de terror”: los testimonios de los sobrevivientes del doble terremoto en Venezuela

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Lo primero que muchos sintieron fue una alarma en el teléfono, que no todos entendieron hasta que el suelo empezó a sacudirse.

Después se desató el caos: gritos, personas corriendo en busca de refugio y edificios que se deshacían a pedazos. Fueron segundos eternos, según la descripción de testigos y sobrevivientes de los terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio, con epicentro en Carabobo.

«Parecía que todo se iba a venir abajo. Todos esperábamos a que el edificio se nos cayera encima»

A Jean Franco Rodríguez, el terremoto lo sorprendió comiendo un helado y escuchando música al interior de un centro comercial en la capital. «La gente se quedó paralizada; no sentíamos nada. Fue como un estado de shock inmediato (…) Cinco segundos después, o como mucho diez, el terremoto aumentó considerablemente de magnitud, y fue aterrador. Tengo 25 años y no había vivido nada igual, fue muy inquietante», relató a la agencia de noticias Reuters.

El estilista venezolano narra que «no había manera de llegar a una escalera» debido a la fuerza del terremoto, por lo que quienes estaban al interior del centro comercial buscaron refugiarse allí antes de intentar evacuar, mientras algunos trozos del techo y las losas de las paredes se estallaban contra el suelo a pocos metros de ellos, como se aprecia en un video compartido por Rodríguez y verificado por Reuters.

«Parecía que todo se iba a venir abajo. Todos esperábamos a que el edificio se nos cayera encima y yo también lo sentía así (…) Me preocupaba el techo: si se iba a caer, saltaría por encima de la barandilla y aterrizaría en el piso de abajo, no importaba, el techo no me iba a caer encima», detalló.

Miguel García, de 74 años, relató que «la alarma empezó por el teléfono», que sonó en el dispositivo de su esposa y en el de su hija, tal como en el de miles de usuarios de teléfonos con sistema Android, quienes fueron advertidos segundos antes del remezón gracias al detector de sismos de estos artefactos.

«En menos de dos segundos empezó el bamboleo, para allá y para acá. En lugar de salir, nos pusimos debajo de la columna principal de carga de todo el edificio y ahí aguantamos todo el sismo», relató García a la agencia EFE.

Atrincherado con su familia bajo la viga del edificio, oyó crujir todo a su alrededor. «Vimos que se estaban agrietando las paredes y que se estaban cayendo los frisos; en el baño se escuchaban reventarse las cerámicas; las ventanas y los vidrios también se partieron», describe García antes de concluir que fue «un momento desesperante, de unos 40 segundos».

Los equipos de emergencia se afanaban en remover los escombros de los edificios derrumbados en Caracas al caer la noche, mientras familiares angustiados buscaban ayuda para sus seres queridos, quienes temían que estuvieran atrapados. Sobrevivientes aturdidos eran evacuados, algunos en camillas.

«Cuando bajamos, la escena parecía sacada de una película de terror (…) Tuvimos que trepar por encima de los escombros. El conserje con el bebé y todos los vecinos bajando. Pero desde ese edificio, solo vi que una familia logró salir», describió María Alejandra, residente de un edificio cercano, quien prefirió no dar su apellido.

Tras la sucesión de terremotos, algunas personas se decidieron a evacuar los edificios. «Todo el mundo bajaba corriendo las escaleras”, describió Astrid Ramírez, una pensionista de 80 años del sur de Caracas, quien asegura que el terremoto «fue incluso peor que el de 1967», cuando 240 personas murieron tras un sismo de magnitud 6,3.

Ya en ese momento, los equipos de emergencia se afanaban en buscar vida entre los edificios derrumbados en la capital, mientras familiares angustiados buscaban ayuda para sus seres queridos, a quienes temían atrapados.

En el barrio de García, las autoridades habilitaron «varias carpas en la cancha» para los afectados, mientras que otros han optado por «estar en los vehículos», hasta que confirmen que es seguro regresar a las viviendas.

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«Se respiraba un verdadero espíritu de comunidad»

Jason Wang estaba haciendo turismo en Caracas antes de quedar atrapado en la cima de una montaña por el terremoto. El estadounidense relató que la sensación de caos se agravó por la falta de cobertura móvil tras el episodio telúrico.

«Las redes celulares se cortaron en toda la ciudad. Estábamos incomunicados. No podíamos contactar con nadie, ni llamar a los servicios de emergencia, ni consultar internet para ver qué pasaba. Sabíamos que algo andaba mal, pero nos quedamos allí arriba esperando», describió.

A pesar de la conmoción, «se respiraba un verdadero espíritu de comunidad», en palabras del turista estadounidense, quien detalló haber visto «a gente que se ayudaba mutuamente, preguntando si todos estaban bien, si necesitaban comida o agua».

«Vi a mucha gente siendo bajada en brazos, entre ellos ancianos. Algunos ciudadanos subieron a ayudar porque no teníamos a nadie que nos colaborara para bajar de la montaña», aseguró Wang, quien finalmente fue rescatado por «alguien que llegó con un machete». «Cortó los árboles para abrirnos un túnel y poder arrastrarnos hasta el otro lado», explicó a Reuters.

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Imagen de portada: © France 24

Miles de venezolanos pernoctaron a la intemperie. «Me contaron que habían decidido no quedarse en casa. Pensaban que era demasiado arriesgado por si había réplicas», aseguró Wang, a quien ese mismo temor lo llevó muy lejos de Caracas.

«Por si hay réplicas, quería alejarme de la ciudad. Así que me dirijo nueve horas al este, hacia las selvas de Venezuela«, relató desde un vehículo a la agencia británica. 

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«Necesitamos que vengan a ayudarnos»

La salida del sol reveló la magnitud de la tragedia. Escombros, organismos de rescate, afectados en las calles y noticias con los peores presagios.

La desesperación de quienes buscaban sin éxito a sus seres queridos crecía con las horas, después de que el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) advirtiera de la posibilidad de hallar miles de víctimas fatales, con una probabilidad sustancial de que fueran más de 10.000.

«Necesitamos que vengan a ayudarnos. Hay gente viva ahí, hay gente muerta», clamó a la AFP Paola Sanoja, de 31 años, apuntando a un edificio en Catia La Mar que quedó retorcido y con los apartamentos al descubierto, donde uno de sus allegados está desaparecido.

«Necesitamos saber de nuestros familiares», insistió, junto a otra mujer que lloraba desconsolada. 

Una mujer reacciona entre los escombros de un edificio tras los terremotos que azotaron el país, en La Guaira, Venezuela, 25 de junio de 2026. © Reuters/Gaby Oraa

«Mi casa se cayó completa, perdí familia, se murió mi suegra, tengo a mi hija desaparecida», lamentó Jean Alexander Capote, un residente de la misma localidad, de 48 años.

La necesidad de apoyo logístico comienza a revelarse en algunas zonas afectadas como Playa Grande, donde Dani Rizo, de 48 años, reclamaba ayuda para rescatar a una niña. «Está atrapada desde anoche, si vienen (con ayuda) la podemos sacar, necesitamos una retroexcavadora», explicó a la agencia francesa.

José Pacheco, jefe de operación del Grupo de Rescate Unido de Venezuela, sostuvo que «lo que hace falta es ayuda, más que todo con los equipos técnicos». «Los equipos que están en Caracas, que saben qué (herramientas) usar, que pueden venir a ayudar aquí a La Guaira, que se vengan», exhortó.

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Con Reuters, AFP y EFE

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