Salud
Un estudio alerta que los envases plásticos pueden contaminar el pescado incluso en el congelador
Imagen ilustrativa / 123RF
NUEVA YORK,EE.UU./ DIARIO DE SALUD.- Cuando se compra pescado fresco en el supermercado, la preocupación principal suele ser mantener la cadena de frío. Sin embargo, un nuevo estudio advierte sobre otro riesgo menos visible: la posible transferencia de sustancias químicas desde los envases al alimento.
La investigación, liderada por el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC, en colaboración con la Universidad de Florencia, analizó la migración de cuatro familias de compuestos químicos: ftalatos, ésteres organofosforados, bisfenoles y plastificantes alternativos a los ftalatos.
El trabajo fue publicado en la revista científica Environment International y evaluó condiciones similares a las que se producen en los hogares. Las pruebas se hicieron con salmón, atún y merluza, tres especies de alto consumo en España, conservadas en dos escenarios habituales: 48 horas en nevera a 4 ºC y 30 días en congelador a -18 ºC.
Los envases estudiados incluyeron bandejas de poliestireno, film transparente, bolsas de congelación con cierre tipo zip-lock, bandejas compostables y bolsas compostables.
Según Maria Vittoria Barbieri, investigadora del IDAEA-CSIC y autora principal del estudio, la mayoría de los análisis anteriores se centraban en medir contaminantes directamente después de la compra. En este caso, el objetivo fue observar qué ocurre cuando el consumidor guarda el pescado en casa durante varios días o semanas antes de consumirlo.
Los resultados muestran que el frío no impide por completo la migración de estos compuestos. Aunque las bajas temperaturas pueden ralentizar el proceso, el tiempo de contacto con el envase aumenta la probabilidad de transferencia.
El estudio detectó aditivos de las cuatro familias químicas en los envases analizados. También observó que algunos compuestos pueden pasar al pescado tanto en refrigeración como en congelación. En algunos casos, las tasas de migración llegaron a niveles muy altos.
Uno de los ejemplos señalados por el equipo investigador fue el DEHA, un plastificante alternativo utilizado en lugar de ciertos ftalatos. Este compuesto mostró una transferencia elevada en los pescados analizados y superó el 95 % en muestras de salmón.
La migración no fue igual en todas las especies. En pescados grasos, como el salmón, los compuestos más solubles en grasa tendieron a transferirse con mayor facilidad. En pescados con más contenido de agua, como la merluza, se observaron mayores transferencias de algunos bisfenoles, entre ellos el bisfenol A, conocido como BPA.
Las bandejas compostables también fueron señaladas por el estudio. Aunque se presentan como alternativas más sostenibles, los resultados indican que algunos materiales de base celulosa pueden contener plastificantes capaces de migrar al alimento. Los mayores niveles de riesgo estimados se asociaron a merluza congelada durante 30 días en bandeja compostable.
El estudio también evaluó la exposición humana por ingesta en adultos, niños y bebés. Para ello, las investigadoras combinaron los niveles detectados en el pescado con datos oficiales de consumo de pescado fresco en España y los ajustaron al peso corporal de cada grupo.
La exposición estimada fue mayor en bebés y niños, debido a su menor peso corporal. De acuerdo con el análisis, el bisfenol A fue el compuesto que más contribuyó al riesgo calculado, mientras que el resto de contaminantes tuvo una aportación menor.
Ethel Eljarrat, directora del IDAEA-CSIC y coautora del estudio, señaló que, si solo se considera la ingesta de pescado, ya se puede superar el valor recomendado para el bisfenol A. La investigadora advirtió además que la exposición total puede ser mayor si se suman otros alimentos, la inhalación y el contacto con la piel.
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria redujo en 2023 el umbral de ingesta diaria tolerable de BPA a 0,2 nanogramos por kilogramo de peso corporal al día, un límite 20.000 veces inferior al establecido anteriormente. Esta revisión reforzó la preocupación por la exposición alimentaria al compuesto.
La Unión Europea aprobó en 2024 una regulación más estricta sobre el uso de BPA y otros bisfenoles en materiales en contacto con alimentos. La norma entró en vigor en enero de 2025 y contempla periodos de transición para su aplicación.
España también incluyó restricciones sobre ftalatos y bisfenol A en la Ley 7/2022 de residuos y suelos contaminados para una economía circular. Sin embargo, la presencia de estos compuestos en envases comercializados muestra la necesidad de reforzar los controles y evaluar mejor los sustitutos que están llegando al mercado.
Las autoras insisten en que el problema no es el pescado, que sigue siendo un alimento saludable, sino el contacto prolongado con determinados envases. Como medida preventiva, recomiendan reducir el tiempo de contacto con plásticos, usar recipientes de vidrio para conservar alimentos y evitar calentar comida en envases plásticos.
El hallazgo apunta a un reto mayor: diseñar envases más seguros y controlar con más rigor las sustancias que pueden entrar en contacto con los alimentos antes de llegar al plato.
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation