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Venezuela: deportación y terremoto, la doble desgracia del vuelo 164

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Cerca de un centenar de deportados murió el 24 de junio en un hotel de La Guaira por el doble terremoto en Venezuela, pero la cifra es imprecisa porque el Gobierno, a la fecha, no ha publicado información oficial de lo sucedido. Aún hay familiares buscando a sus seres queridos.   

 ¿Dónde está Jhonattan Lamus? 

Jhonattan Lamus, de 40 años, es un ciudadano tachirense que emigró hace 11 años a Chile para buscar mejores condiciones de vida y ayudar a su familia con remesas desde el exterior. Hace 3 años, había ingresado a Estados Unidos, donde obtuvo un beneficio migratorio conocido como Estatus de Protección Temporal (TPS), que luego fue revocado por la Administración de Donald Trump. Trabajaba en la instalación de piscinas. En la última audiencia, a la que se presentó como regularmente lo hacía, fue detenido y luego deportado a Venezuela en el vuelo 164 de la aerolínea Global Express.   

“Él llegó a Maiquetía y llamó a mi prima (la hermana de Jhonattan) y le dijo que no dijera nada porque él quería llegar al día siguiente a dar una sorpresa a la familia. No supimos más nada de él”, cuenta a France 24 su prima Adela Yelitza Osuna, que continúa su búsqueda.  

  

Dar con el paradero de Jhonattan ha sido una agonía para la familia Lamus. Lo buscaron en las calles de La Guaira, pensando que podía estar vagando desorientado. Lo buscaron en los hospitales, pensando que podía estar herido, ya que no aparecía en las listas improvisadas que circularon con algunos nombres de fallecidos. Lo buscaron en todas las unidades de cuidados intensivos, por si estaba inconsciente. Lo buscaron en todas las morgues. Y nada. Su cuerpo no aparece.  

En cuatro oportunidades funcionarios notificaron a la familia Lamus que el cuerpo de Jhonattan había sido encontrado. Ninguna fue cierta. Entre los hermanos, se turnaban para viajar desde el estado de Táchira a Caracas y a La Guaira para realizar la búsqueda y reconocer los cadáveres. En una oportunidad, el cuerpo correspondía a una mujer.

Para Adela, eso “ya fue tortura”, por haber denunciado públicamente su desaparición.

«¡Quítale el diente y llévate ese!» 

 Las otras tres veces el cadáver no coincidió con las características de Jhonattan, ni con la panorámica dental que utilizaba la familia para verificar si era él, por la falta de un diente en específico. La última experiencia, en la morgue de los Silos, fue una punzada al corazón y a la dignidad de la familia Lamus.  

—¡Quítale el diente y llévate ese! —. “Esa tipa no tiene perdón de Dios”. 

“El día que fuimos a La Llanada, donde se encontraba el Hotel Santuario, llegó una periodista de Brasil buscando información y el SEBIN (el servicio de inteligencia de Venezuela) se acercó a mí y me dijo: ¿Quiere un consejito? Mejor no dé declaraciones, porque va a ser peor. Eso es amedrentamiento; eso es amenaza”, relata Adela con impotencia.  

“Mi primo vive en el Táchira. El SEBIN fue a la casa de mis primos, les dio el pésame y les dijo que tenían que ir a Los Silos (una morgue improvisada a cielo abierto instalada en el puerto de La Guaira). Ese día, tras recibir la noticia, a mi tío le dio un ACV (accidente cerebrovascular). Eso fue horrible. A mi mamá se le subió la tensión y resulta que cuando llegamos, no era el cadáver”.  

“A los días, funcionarios fueron nuevamente a la casa a preguntar si por allá no había llegado Jhonattan Lamus, porque algunos deportados ‘se habían escapado’, como si fuera un delincuente. Y más adelante nos dijeron que apareció muerto”. Durante semanas la familia Lamus recibió información contradictoria y confusa.  

“Luego volvió mi hija con las hermanas de mi primo y otra vez volvieron a buscar y, ese día, una de las forenses”…Adela hace una pausa, toma aire y prosigue: “Había un fallecido que tenía todos los dientes de arriba y la forense le dijo: —Pero saquémosle el diente y te llevas ese—. Mi hija es más comedida y simplemente le dijo: ¡Eres una indolente! Si hubiese sido yo, esa señora hubiese estado denunciada, porque yo no acepto eso. Si tuviese su nombre, esa niña estuviera reportada hasta el fin del infierno. ¿Cómo va a decir la forense ante un doliente: —¡Quítale el diente y llévate ese!—. Esa tipa no tiene perdón de Dios”, fustiga Adela, sobrepasada por la indignación. 

Han pasado casi dos meses y no aparece 

Han pasado casi dos meses y el cadáver de Jhonattan sigue sin aparecer. “¿Cómo es que se pierde un ser humano, una persona? ¿Cómo es que puedes entender que quedó tapiado y no aparece? ¿Cómo que se te perdió el cadáver? ¿Cuántos años tiene Bolívar?. ¡Y ahí están los huesos! Hay expertos que saben cómo determinar la identidad de alguien desde allí. No les importa el dolor ajeno”, dice Adela.  

Adela Yelitza Osuna enciende una vela en nombre de su hijo Jhonattan Lamus, el 7 de agosto de 2026. © France 24- Daniella Zambrano

Adela Yelitza comenta que, tras lo sucedido, en su familia no hay paz. “No hay paz porque no sabes dónde está. No sabes qué hacer. No sabes si hacerle los novenarios o si pedirle a Dios el milagro de que aparezca y que toque la puerta. Es como una disyuntiva, estás como en una “Y” en un camino que tienes que tomar una decisión muy grande en tu vida y es una decisión muy grande porque importa aquí, duele aquí”, señala el pecho y el corazón. Exige al Gobierno venezolano información fidedigna del paradero de su primo. “No me voy a cansar nunca de decir que quiero saber de él”.  

Cuando despertó, estaba en la morgue

Uno de los 42 sobrevivientes del vuelo 164 accedió a dar su testimonio a France 24 bajo identidad protegida. Tenía 12 años sin regresar a Venezuela. Al desplomarse la edificación, quedó malherido e inmovilizado bajo los escombros. Gracias a otros compañeros deportados, logró salir y vivir para contarlo. Asegura, sin poder dar cifras, que varios funcionarios del SEBIN y otros cuerpos policiales también murieron tras el colapso. 

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147 deportados de Estados Unidos a Venezuela quedaron bajo los escombros tras el terremoto
Imagen de portada: 147 deportados de Estados Unidos a Venezuela quedaron bajo los escombros tras el terremoto © France 24

 “Yo le dije a mis compañeros: no me quiero morir, quiero vivir mi vida. No puede ser posible todo lo que he pasado. ¿Llego al día de mi cumpleaños para fallecer en un terremoto? ¡Y de paso, en mi país! No puede ser posible. Y ellos me dicen: ‘Vamos a sacarte, pero aguanta’. Y cuando me sacaron no podía mover toda la espalda. Pegaba unos gritos catastróficos. Unos gritos como si fuera una mujer que estaba pariendo’”.

Recuerda que lo sacaron en un colchón por un barranco. Una ambulancia lo trasladó a un hospital, y en algún momento quedó inconsciente. Cuando despertó, estaba en la zona de la morgue del hospital a unos pasos de decenas de cadáveres. Alguien lo vio y gritó: «¿Qué hace él acá?, ¡levántenlo que él no debe estar ahí!”.  

Muchas familias se preguntan por qué a los deportados, que no tenían antecedentes penales, se les impidió irse con sus familiares tras llegar al aeropuerto. El sobreviviente nos comenta que una vez en el Hotel Santuario se les sacó la cédula (el documento oficial de identidad) y también se les despojó de sus pertenencias, como celulares y prendas. Uno a uno se les interrogó sobre inclinaciones políticas y si portaban dinero en efectivo.  

“Nos dijeron: ‘los que tienen teléfonos, vamos a tener que retener los teléfonos porque van a pasar por un proceso de verificación’. Nosotros preguntamos cuál era el proceso de verificación. Ellos dijeron que era ver si había algo en contra del Gobierno. No quisieron dar explicación sobre eso. Cuando me tocó el turno a mí, les dije que no tenía teléfono y me preguntaron si tenía dinero encima. Yo les dije que no”.   

Esa tarde del 24 de junio, el Hotel Santuario fue acordonado por funcionarios del SEBIN que impidieron el paso a periodistas y familiares, sin dar mayores explicaciones. La ayuda tardó en llegar. No había servicio eléctrico ni de telecomunicaciones.

“Los del SEBIN que quedaron vivos estaban en ‘shock’. Después de las once de la noche fue que llegaron algunos transportes para trasladar gente y en la madrugada fue que comenzaron a llegar otros pocos funcionarios”, cuenta vía telefónica otro de los que logró salir vivo del colapso. 

La cifra de sobrevivientes no es oficial. Pero entre ellos han armado grupos de WhatsApp donde se han puesto en contacto. Por eso, esta fuente nos asegura que son 42.  

“Bendición, viejita. Estoy muy cansado»

El hermetismo de las autoridades en torno a este caso dificultó aún más la búsqueda a los familiares de los deportados del vuelo 164. Es el caso de Luz Marina Meléndez, madre de Ángelo David Mejía Meléndez, de 27 años y que trabajaba como instructor de moto acuática en Estados Unidos. Luz Marina supo que su hijo sería deportado, pero no cuándo. El pasado 24 de junio, al ver que el nombre de Ángelo ya no aparecía en el portal del ICE (Servicio de Control de Inmigración de EE. UU.), se enteró de que el día había llegado.  

  

Foto de Ángelo David Mejía Meléndez, durante el registro de datos en el aeropuerto internacional de Maiquetía. © Imagen proporcionada por la familia de Ángelo David Mejía Meléndez

Recuerda que a las 4:37 p.m. recibió la llamada de una funcionaria notificando la llegada de Ángelo a Venezuela. Luz Marina pidió buscarlo. “No lo puedes venir a buscar; él tiene que pernoctar acá. Le paso a su hijo”, le dijo la funcionaria.

“Bendición viejita. Estoy muy cansado. No quiero hablar, mañana hablamos”, fue la última conversación con su hijo.

Luz Marina nunca supo del traslado de los deportados del vuelo 164 al Hotel Santuario. Cuando sucedió el terremoto, cuenta que sintió un alivio al ver en redes sociales que no hubo muertos en el aeropuerto, creyendo que allí era donde se encontraba Ángelo. Lo esperó en casa hasta el día siguiente, como se lo habían indicado en la llamada del día anterior, pero su hijo nunca llegó. Otra llamada le cambió la vida.   

“Tienes que empezar a buscar a Ángelo”, le dijo su prima. “Me manda una foto y me dice: Estos muchachos eran de Barinas, venían en ese vuelo y están muertos, tapeados en La Guaira”. “Yo me volví como loca. No entendía nada”, recuerda Luz Marina con tristeza. A las 5 pm del 25 de junio comenzó la búsqueda. 

“Me manda una foto y me dice: Estos muchachos eran de Barinas, venían en ese vuelo y están muertos, tapeados en La Guaira”.

“Esa noche bajaron los vecinos y amigos (a La Guaira). A ellos le dieron información falsa de que había salido y que lo buscáramos en hospitales. Nos dividimos”.  

 “No busquen a ese muchacho vivo»

Luz Marina cuenta que fue a la sede principal del SEBIN en Caracas para pedir información de los deportados del vuelo 164. “¿Eres familiar de funcionario?”, le preguntaron. En medio de la desesperación, primero les dijo que sí, pero luego que no. “Entonces aquí no la podemos ayudar. Si usted hubiese venido a las 8:00 a.m., aquí llegaron los autobuses con todos los deportados. Ellos están bien”. Enseguida Luz Marina preguntó por la lista para ver si estaba el nombre de su hijo. “La lista se la llevó el jefe y el jefe no está ahorita aquí”. Le recomendaron buscarlo en hoteles y hospitales cercanos.  

Al día siguiente, Luz Marina fue al Hotel Santuario. Quería ver con sus propios ojos lo que había pasado. “Salimos a las 11:00 a.m. y llegamos como a las 6:00 p.m.”. Para ese entonces, las vías dentro de La Guaira estaban colapsadas y el Gobierno restringía el paso vehicular desde Caracas hacia La Guaira.  

Luz Marina Meléndez revisando las fotos de infancia de su hijo Ángelo, fallecido en el doble terremoto del 24 de junio en Venezuela. © France 24 – Daniella Zsmbrano

“Había familiares ya molestos en el sitio y todo estaba custodiado por el SEBIN. Leyeron una lista de deportados y estaba el nombre de mi hijo”. Recuerda que dijeron los nombres de fallecidos y vivos de los días 25 y 26, pero su hijo Ángelo no aparecía en ninguna. “Le pedí que me mostraran las listas”, cuenta Luz Marina. “El que tiene la lista no está”, le respondió un funcionario.  

Esa noche, un vecino y el sobrino de Luz Marina fueron al Hospital Domingo Luciani, en Caracas. Buscaban entre listas y nada. Hasta que un médico notó su desesperación y los llevó con un sobreviviente del vuelo 164 internado en ese centro de salud. Cuando hablaron sobre las características de su familiar, el sobreviviente les dijo: “No busquen a ese muchacho vivo. Ángelo no está vivo”. Lo supo describir perfectamente: sus tatuajes, dónde trabajaba en Estados Unidos y el nombre de su madre. A las 6:00 a.m. del 27 de junio, Luz Marina recibió la fatal noticia y comenzó una búsqueda aún más dura: la de sus restos.  

Luz Marina vio un registro fotográfico de cadáveres en la morgue de Bello Monte en Caracas, mientras otros familiares revisaban en otras morgues de La Guaira. Nada. Hasta que por un grupo de WhatsApp se entera de que había fallecidos del vuelo 164 en Los Silos, una morgue improvisada en el puerto de La Guaira.  

“Un amigo funcionario me llama y me dice: Señora, no vaya. Yo le voy a conseguir a su hijo”. Como a las 10:00 a.m. me llama y me dice: ‘No puedo, hay demasiados muertos aquí y me están diciendo que a partir de las 2:00 p.m. van a empezar a incinerar cadáveres’. Mándame gente que me ayude con la búsqueda. Le dije a su papá: ¿Sabes que tienes que revisar cadáveres? – porque el día anterior él no fue capaz-.’Sí. Yo voy a buscar a mi hijo’”, le dijo. Como a las 2:00 de la tarde, finalmente, consiguieron el cuerpo.  

“Él no tenía el brazalete que le habían colocado con la identificación #28190, pero lo identificaron por los tatuajes y porque en el bolsillo tenía el brazalete que le pusieron en Estados Unidos y un certificado de vacuna que le colocaron acá. Por eso supimos que era él. Ya estaba muy golpeado, muy deformado. Tenía un golpe en la cara y estaba muy inflado. Entre todos los trámites que tuvieron que hacer, lograron obtener las cenizas tres días después.  

Ha pasado mes y medio de la tragedia y Luz Marina no ha recibido una explicación oficial de lo sucedido. “Hasta el día de hoy el Gobierno no me ha llamado a decirme: ‘¡Mis sentidas condolencias!’. Yo creo que ni siquiera saben que mi hijo está fallecido. ¡Cómo no me han llamado a decirme: ‘Su hijo trajo estas pertenencias; lléveselas. Lo sentimos. ¡Fallamos!’ Porque el terremoto no es culpa de nadie, pero el hecho de que mi hijo estuviese en ese mal llamado hotel es culpa del Gobierno, porque ellos no me lo quisieron entregar cuando yo dije ‘voy ahorita mismo y lo busco’. A lo mejor nos hubiese agarrado el terremoto en la playa, pero hubiésemos estado juntos y era nuestra decisión. ¿Cómo es que todavía no me dan un parte de mi hijo? Porque a él lo encontramos nosotros de tanta vuelta que dimos y perdí tanto tiempo en encontrarlo por la mala información que ellos me dieron”.   

“Lo que pido es que más nunca ningún deportado pase por lo que pasó mi hijo. Que las leyes de deportación sean más justas, tanto en Estados Unidos como en Venezuela, y que no esperemos otra tragedia para mejorar la situación de los deportados. Mi hijo no entró ilegal a EE. UU. Teníamos una visa familiar y mi hijo estaba en proceso de asilo con un permiso de trabajo”.    

  

Ángelo Mejía, el 22 de marzo de 2022, día en que viajó a Estados Unidos desde el aeropuerto internacional de Maiquetía. © Imagen proporcionada por su familia

 Las familias que colaboraron con este artículo piden que la muerte de los deportados del vuelo 164 no sea en vano y que esta tragedia sirva para cambiar los protocolos de deportación tanto de EE. UU. como de Venezuela.  

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