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Canadá anuncia aranceles de represalia para EE. UU.: así contraatacará en la guerra comercial

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La decisión llega después de que entraran en vigor durante el fin de semana los nuevos aranceles estadounidenses del 50% sobre importaciones canadienses por unos 20.000 millones de dólares, tras el fracaso de las negociaciones entre los dos países. Para Ottawa, las condiciones planteadas por la Administración Trump resultaron inaceptables.

Carney ha acusado a Washington de intentar subordinar a Canadá y ha rechazado cualquier acuerdo que trate al país como una “subsidiaria de Estados Unidos”. El primer ministro afirmó que durante las negociaciones quedó claro que Washington pretendía poner en riesgo sectores estratégicos canadienses, entre ellos las industrias automotriz, siderúrgica y del aluminio.

El conflicto también ha adquirido una dimensión política y de soberanía. Carney ha defendido como derechos no negociables las protecciones relacionadas con el idioma francés y la cultura canadiense, mientras Trump ha rechazado esas acusaciones y ha intensificado sus ataques contra Ottawa. La disputa se produce además después de meses de declaraciones del presidente estadounidense sobre la posibilidad de convertir Canadá en el estado número 51 de Estados Unidos, una idea que el Gobierno canadiense rechaza categóricamente.

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¿Qué aranceles impondrá Canadá?

Los nuevos gravámenes entrarán en vigor el próximo 8 de septiembre y afectarán a más de 700 productos estadounidenses, con tasas del 15%, 25% y 50%. 

Ottawa pretende responder de forma equivalente a las medidas adoptadas por Washington, con aranceles que, según el ministro de Finanzas, François-Philippe Champagne, buscan proteger a trabajadores, agricultores, familias y empresas canadienses.

Los productos afectados abarcan desde bienes industriales hasta artículos de consumo cotidiano. Algunos tipos de acero y aluminio, muebles y ropa afrontarán tarifas del 50%, mientras que quesos y otros productos lácteos, electrodomésticos, pescado y mariscos y determinados derivados del acero y el aluminio tendrán un arancel del 25%. Los gravámenes del 15% alcanzarán, entre otros, productos electrónicos, herramientas y pulpa y papel.

Los nuevos aranceles canadienses se suman a las medidas que Ottawa ya mantiene sobre determinados productos estadounidenses, incluidos los automóviles. El objetivo declarado no es maximizar los ingresos fiscales, sino ejercer presión sobre Estados Unidos y, al mismo tiempo, reducir el impacto sobre las empresas y consumidores canadienses.

Le port de Delta en Colombie britannique, au Canada, le 16 juillet 2026.
Archivo: el puerto de Delta en la Columbia Británica, Canadá, el 16 de julio de 2026. © Darryl Dyck, The Canadian Press via AP

Carney acusa a Washington de intentar subordinar a Canadá y ha rechazado cualquier acuerdo que trate al país como una “subsidiaria de Estados Unidos”. El primer ministro afirmó que durante las negociaciones quedó claro que Washington pretendía poner en riesgo sectores estratégicos canadienses, entre ellos las industrias automotriz, siderúrgica y del aluminio.

El conflicto también ha adquirido una dimensión política y de soberanía. Carney ha defendido como derechos no negociables las protecciones relacionadas con el idioma francés y la cultura canadiense, mientras Trump ha rechazado esas acusaciones y ha intensificado sus ataques contra Ottawa. La disputa se produce además después de meses de declaraciones del presidente estadounidense sobre la posibilidad de convertir Canadá en el estado número 51 de Estados Unidos, una idea que el Gobierno canadiense rechaza categóricamente.

¿Cómo planea Canadá amortiguar el golpe?

Junto a los aranceles, el Gobierno canadiense anunció un paquete de apoyo de 7.500 millones de dólares canadienses, equivalentes a unos 5.400 millones de dólares estadounidenses. Las medidas incluyen nuevos mecanismos de respaldo para pequeñas y medianas empresas y herramientas destinadas a facilitar el acceso a liquidez mientras persista la incertidumbre comercial.

Ottawa también contempla asistencia para los trabajadores que puedan verse afectados por los nuevos gravámenes. El propósito es evitar que el impacto de la disputa se traduzca directamente en despidos y pérdidas de ingresos en sectores especialmente expuestos a las medidas estadounidenses.

La planta siderúrgica de ArcelorMittal Dofasco opera en medio de la escalada de tensiones comerciales por los aranceles estadounidenses y las medidas de represalia de Canadá en Hamilton, Ontario, Canadá, el 24 de agosto de 2026.
La planta siderúrgica de ArcelorMittal Dofasco opera en medio de la escalada de tensiones comerciales por los aranceles estadounidenses y las medidas de represalia de Canadá en Hamilton, Ontario, Canadá, el 24 de agosto de 2026. © Reuters/Carlos Osorio

Las autoridades canadienses reconocen que sus propios aranceles elevarán los costos para algunas compañías y consumidores, pero consideran que el impacto general sobre la economía será moderado. El Gobierno afirma que desde comienzos de 2025 ha movilizado más de 30.000 millones de dólares canadienses en medidas de apoyo relacionadas con los aranceles, una cifra muy superior a la recaudación obtenida mediante sus propias represalias.

¿Qué está en juego para ambos países?

La magnitud del enfrentamiento se explica por la estrecha integración de las economías canadiense y estadounidense. Ambos países comparten cadenas de suministro en sectores como el automotriz, energético, agrícola y manufacturero, de modo que una pieza, materia prima o producto que cruza la frontera puede hacerlo varias veces antes de llegar al consumidor final.

Por ello, los aranceles no solo encarecen las importaciones procedentes del país vecino. También pueden aumentar los costos de producción de las empresas que dependen de componentes o materias primas extranjeras y terminar trasladándose a los precios que pagan los consumidores.

Banderas engalanan la planta siderúrgica de ArcelorMittal Dofasco mientras aumentan las tensiones comerciales por los aranceles estadounidenses y las medidas de represalia de Canadá en Hamilton, Ontario, Canadá, el 24 de agosto de 2026.
Banderas engalanan la planta siderúrgica de ArcelorMittal Dofasco mientras aumentan las tensiones comerciales por los aranceles estadounidenses y las medidas de represalia de Canadá en Hamilton, Ontario, Canadá, el 24 de agosto de 2026. © Reuters/Carlos Osorio

El riesgo es especialmente elevado si la disputa se prolonga. Empresas y trabajadores de ambos lados de la frontera afrontan incertidumbre sobre sus costos, inversiones y empleos. La experiencia de sectores como el mobiliario, donde empresarios estadounidenses ya advierten de las dificultades que generan los nuevos gravámenes, refleja una contradicción central de la disputa: Washington y Ottawa intentan proteger sus economías mientras penalizan una relación comercial de la que ambas dependen.

¿Qué responde Donald Trump?

La contramedida canadiense ya ha provocado una nueva ofensiva verbal de Donald Trump. El mandatario estadounidense acusó a Ottawa de perjudicar deliberadamente a empresas estadounidenses y aseguró que Canadá ha sido durante décadas un socio comercial injusto para Estados Unidos, afirmaciones que el Gobierno canadiense rechaza.

El inquilino de la Casa Blanca también ha amenazado con elevar al 50% los aranceles sobre vehículos, autopartes y acero canadienses a partir del 1 de enero de 2027. Sus advertencias sugieren que los nuevos aranceles de Ottawa podrían no ser el final de la confrontación, sino el comienzo de otra ronda de medidas y contramedidas.

Carney, entretanto, ha dejado abierta la posibilidad de modificar la estrategia canadiense. Aunque Ottawa ha optado ahora por una respuesta equivalente, el primer ministro ha señalado que Canadá podría recurrir a represalias más selectivas destinadas a proteger a sus trabajadores y empresas. La cuestión central será si ambos Gobiernos utilizan los nuevos aranceles como instrumento de negociación o si la escalada termina consolidando una guerra comercial prolongada entre dos de los socios económicos más estrechamente vinculados del mundo.

Con Reuters, AP y EFE

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