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Entre el dolor y el renacer: cinco historias entre los escombros del terremoto en Colombia
En las tareas de rescate luego de un terremoto, el silencio dice muchas cosas. Por eso los rescatistas detienen las máquinas, piden que nadie hable y escuchan con atención. A veces llega un grito, un golpe o una voz desde algún lugar entre los escombros. Otras veces pasan las horas y, lamentablemente, no llega nada.
Desde que el terremoto de magnitud 7,4 golpeó el centro y occidente de Colombia el pasado lunes 10 de agosto, esas escenas se repitieron en Cali, Pereira, Manizales, Dosquebradas y otras ciudades afectadas. Bomberos, equipos especializados, perros de búsqueda y vecinos removieron escombros durante días, mientras cientos de familias esperaban noticias.
Algunas búsquedas terminaron con sobrevivientes. Otras, con la recuperación de cuerpos. Y hubo rescates que parecieron tener un final feliz hasta que las heridas provocadas por tantas horas bajo los escombros terminaron siendo más fuertes.
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Daniela Largo: 36 horas bajo el concreto y un rescate que terminó en tragedia
Daniela Largo, de 32 años, debía regresar a Riosucio, en Caldas, donde su familia la esperaba para celebrar el cumpleaños de su hijo de 12 años. Nunca llegó.
Sus padres pensaron que se había retrasado. Después dejó de responder el teléfono. La búsqueda los llevó hasta una pensión (un hotel modesto) del centro de Pereira que se había desplomado durante el terremoto.
Daniela estaba ahí abajo.
La señal llegó cuando los equipos de emergencia aplicaron el protocolo de “llamado y escucha”: todos hacen silencio, alguien llama y se espera una respuesta. Entre los restos se escuchó una voz.
Encontrarla no significaba que pudieran sacarla. Daniela tenía las piernas atrapadas bajo varias placas de concreto. Los rescatistas introdujeron cámaras, le hicieron llegar oxígeno y comenzaron a abrir dos caminos: desde arriba atravesaron cuatro placas y, al mismo tiempo, excavaron un túnel desde abajo.
La operación duró unas diez horas.
“Daniela, cierra los ojos”, le gritaban cuando finalmente estaban cerca. Después de unas 36 horas atrapada, salió en una camilla, envuelta en una manta azul, mientras alrededor se escuchaban aplausos y gritos.
“Cuando ya la habíamos buscado tanto (…) y en el momento que estábamos perdiendo las esperanzas, recibimos una llamada”, contó entonces su madre, Sandra Milena Pérez.
Durante unos días, el de Daniela fue uno de los rescates más celebrados del terremoto. Pero su historia no terminó allí. Las lesiones que había sufrido eran demasiado graves. Tras permanecer hospitalizada, Daniela murió días después de haber sido sacada con vida de los escombros.
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Una perra marcó el lugar y después escucharon al niño
En Cuarto de Legua, en el sur de Cali, habían pasado más de 32 horas cuando la perra Hill comenzó a marcar (ladrido o señal que indica una posible presencia humana).
Hill es una pastora holandesa de siete años que forma parte de los equipos caninos de la Cruz Roja Colombiana. En la noche del martes 11 de agosto, detectó la posible presencia de alguien bajo los restos de una estructura.
Los rescatistas empezaron a buscar. Había demasiado material acumulado y no sabían exactamente dónde estaba la persona que había detectado la perra. Hasta que escucharon algo más preciso que cualquier marcación: la voz de un niño.
A partir de ahí, socorristas y vecinos fueron siguiendo los sonidos que llegaban desde abajo. Retiraron material poco a poco hasta poder establecer contacto con él y abrir un camino para sacarlo.
“Fue una labor ardua de toda la comunidad”, precisó al diario local ‘El Tiempo’ Roger Casas, coordinador del grupo de rescate canino de la Cruz Roja Colombiana en el Valle del Cauca.
El niño había pasado más de un día solo, sin agua ni comida. Finalmente salió con vida y fue trasladado para recibir atención médica.
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Para Casas, que ha trabajado en operaciones de rescate tras otros terremotos en la región, la escena será difícil de olvidar.
“Es de lo más bonito que ha sucedido”.
Violeta había ido a pasar unos días con su abuela
Violeta Guerrero tenía siete años, vivía en Bogotá y estaba de vacaciones en Cali. Había viajado para pasar unos días con su abuela, Amparo Jaramillo, de 71.
Las dos estaban en el Conjunto Residencial Guadalupe, en Cuarto de Legua, cuando comenzó el terremoto. Después del sismo, los porteros dijeron a la familia que no las habían visto salir antes de que parte de la estructura cediera.
A partir de entonces, se inició una búsqueda que rápidamente fue más allá del círculo familiar. Sus fotos circularon por redes sociales mientras los equipos trabajaban sobre el edificio. Los primeros pisos habían cedido hacia el sótano y Violeta y Amparo se encontraban en el primero.
En un momento llegó una noticia que alimentó las esperanzas: familiares dijeron haber recibido información de los equipos de emergencia sobre una posible voz de la niña escuchada entre los escombros.
Durante horas se aferraron a esa posibilidad.
No fue suficiente. Violeta y su abuela fueron encontradas sin vida.
La familia, que había utilizado las redes para pedir ayuda y difundir sus fotografías, también recurrió a ellas para comunicar el final de la búsqueda y agradecer a quienes las habían acompañado.
“Gracias infinitas a todas las personas que estuvieron pendientes, nos acompañaron, ayudaron y compartieron nuestra búsqueda”.
Un abuelo y su nieta, juntos hasta el final
El domingo 9 de agosto, la familia de Carlos Aponte se había reunido en Cali para festejar su cumpleaños y los 41 años de matrimonio con su esposa, Stella Marín.
Su nieta Ileana, de 11 años, se quedó a dormir en la casa de sus abuelos porque al día siguiente no tenía clases.
A la mañana siguiente tuvo lugar el terremoto.
El apartamento, ubicado en el tercer piso del edificio Torres del Limonar, en el sector Capri de Cali, quedó sepultado tras el colapso de la estructura. Carlos Andrés Aponte, periodista de ‘Caracol’ y ‘Blu Radio’, estaba trabajando en Bogotá. Durante los tres días posteriores al terremoto esperó noticias de su padre, su madre y su sobrina.
Los rescatistas finalmente encontraron a Carlos Arturo y a Ileana en el baño del apartamento.
La posición en la que estaban permitió reconstruir sus últimos instantes. Según contó Aponte después de conocer los detalles del hallazgo, su padre se había agachado sobre la niña y había intentado protegerla con su cuerpo cuando la estructura comenzó a venirse abajo.
Los cuerpos fueron recuperados después de tres días de búsqueda. Stella Marín continúa desaparecida.
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Kiara, 24 horas frente al vacío
Kiara llevaba apenas cuatro días en su nueva casa cuando el terremoto destruyó buena parte del edificio.
La perra criolla, de dos años, había sido adoptada por una mujer que vivía en el Portal del Parque, en Dosquebradas. Antes vivía en un parqueadero cercano. A las 7:34 de la mañana del lunes, parte de la fachada del edificio desapareció y Kiara quedó en un quinto piso, sobre una cama y sin una pared que la separara del vacío.
Los vecinos la grabaron desde afuera. Apenas se movía.
El caso llegó a Héctor Hernández, concejal de Pereira, a través de las redes sociales. Cuando entró al inmueble comprobó que llegar hasta la perra no era sencillo: había ingreso al edificio, pero el piso del apartamento había cedido y no existía un acceso seguro hasta donde estaba Kiara.
Los bomberos de Dosquebradas asumieron el rescate. Tardaron casi tres horas en una estructura que todavía podía colapsar, mientras las familias esperaban afuera sin poder ingresar.
Kiara salió con vida después de haber pasado alrededor de 24 horas allí.
En el mismo operativo fue rescatada Luna, una dóberman que estaba en un piso superior. Una tercera perra no pudo ser localizada.
El rescate de Kiara fue uno de los que tuvo final feliz. Pero también mostró otra parte de la tragedia que durante los primeros días quedó fuera de los balances oficiales. Perros y gatos murieron al arrojarse desde edificios durante el terremoto, otros quedaron atrapados y decenas de refugios de animales resultaron destruidos o dañados.
“Fue muy gratificante poder salvar a Kiara y a la otra perrita”, contó Hernández a France 24. “La mayoría son noticias malas para los pereiranos y los colombianos”.
Con AFP y medios locales
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