Internacionales
Trump anuncia aranceles del 50% para vehículos y acero de Canadá: ¿qué puede ocurrir a partir de ahora?
El inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, amenazó este lunes 24 de agosto con elevar al 50% los aranceles sobre todos los automóviles, camiones y autopartes procedentes de Canadá, una medida que, de concretarse, entraría en vigor el 1 de enero de 2027.
Trump también mencionó el acero canadiense, aunque en este caso el anuncio no supondría necesariamente un incremento respecto de la situación actual: Estados Unidos ya aplica un arancel del 50% a buena parte de las importaciones de acero procedentes de Canadá.
«Canadá lleva años estafando a Estados Unidos de América. Sus aranceles ridículamente altos sobre nuestros agricultores y productos agrícolas han hecho la vida imposible a estos grandes patriotas estadounidenses y han generado desde hace tiempo un déficit de 60.000 millones de dólares entre nuestros dos países. ¡Esto es insostenible, y YA NO MÁS! El 1 de enero de 2027, los aranceles sobre todos los autos y camiones, tanto grandes como pequeños, las piezas de automóvil y el acero se incrementarán hasta el 50 %. Si se fabrican en EE. UU., los aranceles serán CERO», aseguró el republicano mediante su plataforma Truth Social.
«¡Canadá ya no será tratado como un estado más! En materia comercial, y también en otros aspectos, se encuentran entre las peores naciones del mundo con las que tratar. Se creen con derecho a todo y, sin embargo, ¡NOSOTROS NO NECESITAMOS A CANADÁ, SON ELLOS LOS QUE NOS NECESITAN A NOSOTROS! El 95 % de su comercio lo realizan con EE. UU., mientras que con nosotros ocurre exactamente lo contrario», agregó.
La amenaza llegó después del fracaso, el viernes, de las negociaciones comerciales entre Washington y Ottawa. Sobre la mesa había un posible acuerdo que habría reducido del 25% al 15% el arancel máximo estadounidense para automóviles y camionetas ligeras canadienses, mientras que los gravámenes sobre el acero y el aluminio habrían bajado del 50% al 25%.
Ese acuerdo se frustró por varios desacuerdos, entre ellos la cuestión de si las reducciones arancelarias debían aplicarse también a determinados camiones medianos y pesados.
¿Cuáles aranceles ya están en vigor?
La amenaza sobre los automóviles se produce en un contexto de escalada que ya ha comenzado.
Durante el fin de semana entraron en vigor aranceles estadounidenses del 50% sobre productos canadienses por unos 20.000 millones de dólares, según AP. La medida afecta a una amplia variedad de bienes, entre ellos productos agrícolas, madera y papel, bebidas alcohólicas, lácteos, ropa, muebles, cosméticos y otros productos de consumo.
Canadá ha anunciado que responderá con aranceles equivalentes a partir del 8 de septiembre, dirigidos contra determinados productos estadounidenses.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha prometido una respuesta «dólar por dólar». Entre los sectores que podrían verse afectados están el acero, los productos lácteos, los electrodomésticos, la maquinaria agrícola, la pulpa y el papel y determinados productos electrónicos.
El resultado es una escalada por etapas: primero, los nuevos aranceles ya aplicados; después, las represalias canadienses; y ahora, la amenaza de nuevos gravámenes estadounidenses sobre uno de los sectores industriales más sensibles de ambos países.
¿Por qué el automóvil es especialmente importante?
El automóvil es probablemente el sector donde una guerra arancelaria entre Estados Unidos y Canadá puede generar mayores efectos en cadena.
Las industrias automotrices de Estados Unidos, Canadá y México están profundamente integradas. Un vehículo puede cruzar varias veces las fronteras norteamericanas durante el proceso de fabricación, mientras que numerosas plantas estadounidenses dependen de componentes producidos en Canadá.
Por eso, gravar una pieza canadiense no significa necesariamente perjudicar únicamente a un fabricante extranjero. El coste puede recaer sobre una fábrica estadounidense que necesita esa pieza para completar un vehículo.
Flavio Volpe, presidente de la Asociación Canadiense de Fabricantes de Autopartes, lo resumió ante Reuters al advertir que los aranceles sobre componentes canadienses serían pagados en última instancia por la propia industria automotriz estadounidense y podrían llegar a paralizar líneas de ensamblaje si determinadas piezas dejan de estar disponibles.
La magnitud del problema explica también la cautela de los fabricantes. Cambiar de proveedor puede ser posible en algunos casos, pero no necesariamente rápido ni barato. Si una empresa eligió producir o comprar una determinada pieza en Canadá fue, en muchos casos, porque existían ventajas logísticas, industriales o de costes difíciles de reproducir inmediatamente en otro lugar.
¿Quién paga realmente los aranceles?
Aunque la retórica política suele presentar los aranceles como un impuesto que paga el país exportador, jurídicamente son los importadores estadounidenses quienes pagan el gravamen en la frontera.
Eso no significa que el coste permanezca necesariamente en Estados Unidos. Una empresa puede intentar absorberlo reduciendo sus márgenes, renegociar con el proveedor canadiense o buscar otro proveedor. Pero también puede trasladar parte o todo el coste al precio final.
El resultado puede ser una combinación de mayores precios, menores beneficios empresariales y menor inversión.
En el sector automotor, el problema se amplifica porque los componentes están interconectados. Un arancel aplicado a una pieza puede encarecer un vehículo terminado aunque este se fabrique finalmente en Estados Unidos.
La presión llega además en un momento en que los costes energéticos y de transporte siguen siendo elevados, lo que reduce el margen de maniobra de las empresas.
¿Qué otros productos pueden encarecerse?
Los nuevos gravámenes ya impuestos abarcan una lista mucho más extensa que los automóviles.
Papel y madera
Estados Unidos importa desde Canadá productos como papel para hornear, vasos y platos de papel, cartón utilizado en embalajes y determinados tipos de madera contrachapada.
La cadena estadounidense ‘CNN’ destaca que las categorías más amplias relacionadas con estos productos representaron alrededor de 1.500 millones de dólares en importaciones estadounidenses desde Canadá el año pasado.
Bebidas alcohólicas
El vino, la cerveza y bebidas espirituosas como whisky, vodka y ginebra también están afectados.
Estados Unidos importó alrededor de 1.500 millones de dólares en estas bebidas desde Canadá el año pasado. El sector ya se había convertido en uno de los puntos de fricción de la disputa después de que varias provincias canadienses retiraran productos alcohólicos estadounidenses de sus establecimientos como respuesta a anteriores medidas comerciales de Washington.
Productos lácteos
Leche, queso, mantequilla y suero de leche figuran también entre los productos afectados.
Estados Unidos importó unos 780 millones de dólares en productos lácteos canadienses el año pasado. El sector lácteo es particularmente sensible porque forma parte de una disputa más antigua sobre las restricciones canadienses al acceso de productos estadounidenses a su mercado.
¿Es Canadá comercialmente vulnerable?: las medidas que puede tomar
La relación comercial entre ambos países tiene una característica excepcional: su nivel de integración.
Estados Unidos y Canadá intercambiaron el año pasado bienes y servicios por unos 872.300 millones de dólares, según las cifras citadas por Reuters. Canadá envía alrededor de tres cuartas partes de sus exportaciones a Estados Unidos, mientras que casi la mitad de sus importaciones proceden de su vecino del sur.
Eso convierte a Washington en un mercado prácticamente indispensable para la economía canadiense.
Pero la dependencia funciona en ambas direcciones. Estados Unidos necesita determinados recursos y productos canadienses, desde componentes industriales hasta energía y minerales críticos.
Por eso, una guerra comercial prolongada puede terminar siendo costosa para ambos países, incluso si la economía canadiense está más expuesta al mercado estadounidense.
Ottawa ya ha optado por la represalia comercial. Carney ha anunciado que Canadá aplicará aranceles equivalentes a partir del 8 de septiembre sobre determinados productos estadounidenses. Pero el Gobierno canadiense dispone también de otras herramientas de presión.
El primer ministro de Ontario, Doug Ford, ha advertido de que «todo está sobre la mesa» y ha planteado incluso la posibilidad de utilizar como instrumento de negociación el suministro de electricidad y minerales críticos hacia Estados Unidos.
También ha mencionado recursos estratégicos como el petróleo y la potasa.
Una medida de ese tipo elevaría considerablemente el coste de la disputa porque convertiría una guerra de aranceles en una confrontación sobre materias primas y suministros esenciales para la industria estadounidense.
Al mismo tiempo, Ottawa debe calibrar su respuesta. Una represalia demasiado amplia puede perjudicar a consumidores y empresas canadienses y acelerar una desaceleración económica en un país altamente dependiente del comercio con Estados Unidos.
¿Es una guerra comercial en toda regla?
El propio Carney ya utilizó esa expresión. «Estás en guerra cuando te atacan. Nos atacaron», declaró el sábado al ser preguntado si Canadá estaba en una guerra comercial con Estados Unidos.
La definición resulta cada vez más difícil de discutir si ambos gobiernos mantienen una dinámica de acción y represalia.
Sin embargo, todavía existe una diferencia entre una guerra comercial abierta y una estrategia de presión destinada a forzar un nuevo acuerdo.
Algunos ejecutivos del sector automotor citados por Reuters consideran que la amenaza del 50% podría servir precisamente para reabrir las negociaciones. Trump ha realizado anteriormente amenazas arancelarias que finalmente no se materializaron.
En enero, por ejemplo, amenazó con aplicar un arancel del 50% a determinados aviones fabricados en Canadá y con retirar la certificación de varios modelos de Bombardier. Esas medidas no llegaron a concretarse.
La incertidumbre, no obstante, tiene un coste propio: las empresas deben tomar decisiones de inversión y producción sin saber cuál será el régimen comercial dentro de unos meses.
¿Qué significa para el T-MEC y cuál es su impacto para los consumidores?
La disputa también pone en cuestión el futuro del acuerdo comercial norteamericano conocido como T-MEC, que sustituyó al TLCAN durante el primer mandato de Trump.
Una parte de los productos que ahora quedan afectados por los nuevos aranceles estaba anteriormente protegida por el acuerdo comercial, según AP.
Esto es relevante porque el T-MEC fue concebido precisamente para proporcionar estabilidad y previsibilidad a las cadenas productivas de América del Norte.
Si las empresas dejan de considerar garantizado el acceso preferencial a los mercados estadounidense, canadiense y mexicano, podrían replantearse dónde invertir, dónde fabricar componentes y cómo organizar sus cadenas de suministro.
La consecuencia podría ser una reconfiguración gradual de la industria norteamericana, incluso si finalmente Washington y Ottawa alcanzan un nuevo acuerdo.
El efecto más inmediato para los consumidores estadounidenses probablemente no será uniforme.
Algunos productos canadienses pueden encarecerse directamente. Otros pueden sufrir aumentos indirectos si los fabricantes estadounidenses tienen que sustituir proveedores canadienses por alternativas más costosas.
En el caso de los automóviles, el impacto puede ser particularmente amplio porque el arancel no solo afecta a vehículos terminados, sino también a autopartes.
Eso significa que incluso una empresa que fabrique vehículos en Estados Unidos puede enfrentar mayores costes si utiliza componentes procedentes de Canadá.
Para Canadá, la situación puede ser todavía más delicada: la caída de las exportaciones hacia Estados Unidos puede traducirse en menor producción, reducción de inversiones y presión sobre el empleo en sectores orientados a la exportación.
¿Qué hay detrás de la nueva amenaza de Trump?
La estrategia de Trump combina presión comercial y política industrial.
Su mensaje central es que las empresas deberían producir dentro de Estados Unidos para evitar los aranceles. «¡Construyan en EE. UU. y no habrá aranceles!», escribió el presidente.
Desde esta perspectiva, los gravámenes pretenden incentivar la relocalización de fábricas y proveedores hacia territorio estadounidense.
Pero la dificultad reside en que las cadenas de suministro no pueden trasladarse de un país a otro de manera instantánea. Una fábrica de automóviles no puede sustituir de la noche a la mañana a decenas o cientos de proveedores especializados.
Por eso, el resultado puede ser paradójico: una política diseñada para impulsar la producción estadounidense puede generar inicialmente mayores costes para las propias empresas estadounidenses.
¿Qué puede ocurrir a partir de ahora?
El escenario más favorable para ambas economías sería una vuelta a la mesa de negociación antes de enero de 2027.
La amenaza del 50% ofrece a Trump una herramienta de presión, pero también aumenta el riesgo de que Canadá responda con medidas cada vez más agresivas. Si Ottawa cumple su promesa de represalias el 8 de septiembre y Washington responde con nuevos aranceles, la escalada podría entrar en un círculo difícil de detener.
El sector automotor será uno de los principales termómetros. La reducción del 22% en las importaciones canadienses de vehículos estadounidenses ya refleja parte del impacto de la disputa, según Reuters.
Si las empresas empiezan a trasladar de manera permanente producción fuera de Canadá, el conflicto dejará de ser únicamente una cuestión de aranceles y pasará a modificar la estructura industrial de América del Norte.
En síntesis, es la ruptura comercial entre dos socios históricos. La dimensión política de la disputa es quizá tan importante como la económica.
Estados Unidos y Canadá han construido durante décadas una de las relaciones comerciales y de seguridad más estrechas del mundo. Sus economías están conectadas por cadenas industriales, energía, transporte y recursos estratégicos.
La estrategia de Trump pone ahora esa integración bajo presión.
El presidente estadounidense sostiene que Estados Unidos no necesita a Canadá y que es Ottawa quien depende de Washington. La respuesta canadiense parte de una premisa diferente: que la interdependencia es mutua y que Canadá dispone de recursos suficientes para hacer costosa cualquier ruptura.
La incógnita es cuánto tiempo pueden sostener ambos gobiernos esa lógica sin provocar daños económicos que terminen superando cualquier beneficio político.
Por ahora, el calendario marca dos fechas clave: el 8 de septiembre, cuando Canadá prevé activar sus nuevas represalias, y el 1 de enero de 2027, cuando Trump amenaza con llevar al 50% los aranceles sobre automóviles, camiones y autopartes canadienses.
Entre ambas fechas todavía hay espacio para negociar. Pero también para que la mayor relación comercial de América del Norte se adentre aún más en una guerra arancelaria cuyo coste, a diferencia de la retórica política, terminarán pagando empresas y consumidores de los dos países.
Con Reuters, AP y medios locales
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